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domingo, 23 de junio de 2024

Retirada de Roca, hacia Villa María - Roca En Ballesteros


Retirada de Roca, hacia Villa María - Roca En Ballesteros













El Diario de Villa Maria - Domingo, 23 de junio de 2024

Por Jesus Chirino


El 12 de abril de 1874 tuvieron lugar las elecciones nacionales para presidente de la Nación, los mitristas ganaron algunas provincias, entre ellas Buenos Aires, pero el resultado final favoreció a los autonomistas y, el 12 de junio, el Colegio Electoral consagró la fórmula integrada por Nicolás Avellaneda y Mariano Acosta. Así se confirmaba que perdía las elecciones Bartolomé Mitre. Sarmiento consideraba que Avellaneda, quien hasta 1873 había sido ministro de Justicia e Instrucción Pública, era su sucesor natural.

Los liberales mitristas decidieron conspirar y organizar una revolución que no pretendía modificar las reglas del sistema político, sino resistir ante lo que consideraban una arbitrariedad. Todo esto se produjo en un momento histórico en el cual estaba naturalizada la militarización de la vida política argentina.

Los mitristas no querían que asumiera Avellaneda y el 23 de septiembre produjeron manifestaciones revolucionarias en los suburbios de Buenos Aires. Bartolomé Mitre pasó a Uruguay y los otros jefes de la revuelta se fueron al interior de la provincia de Buenos Aires. En tanto que el general José Arredondo, quien se encontraba en Córdoba con licencia por enfermedad, se trasladó a San Luis y sublevó una guarnición en Villa Mercedes, donde fue  asesinado el general, leal al Gobierno nacional, Teófilo Ivanowsky.

Luego de esos sucesos, Arredondo marchó hacia la ciudad de Río Cuarto, que fue evacuada por el coronel Julio Argentino Roca y su tropa, leales al Gobierno de Sarmiento. El 25 de septiembre, el joven Roca, de 31 años de edad, se retira hacia Villa María. Hacia este mismo destino  se dirigía, desde la ciudad de Córdoba, el comandante Carlos Luis Paz, quien también se mantenía leal al Gobierno de Sarmiento y combatía a la "montonera".

 

Roca, en Ballesteros

El 28 de septiembre, el presidente Sarmiento designó a Roca como "jefe del Ejército de Operaciones del Norte". Anoticiado de que Arredondo avanzaba hacía Villa María, el primer día de octubre Roca dispuso que se suspendiera el tráfico en el Ferrocarril Central Argentino, a la vez que se replegó hasta la localidad de Ballesteros. Esto aparece descrito así en "La Capital" y es rescatado por Carlos Priotti, en tanto Bernardino Calvo señala que "desde Villa María, Roca marchó rumbo a Frayle (sic.) Muerto (Bell Ville)". El rumbo es el mismo, aunque la fuente contemporánea, el medio de prensa, confirma que el Coronel se estableció en Ballesteros.

 Al día siguiente ese diario rosarino, "La Capital",  publicó un artículo señalando: "Ayer de mañana regresó el tren que iba a Córdoba desde Roldán. El que salió simultáneamente de Córdoba para el Rosario regresó a aquella ciudad desde el Río Segundo. Esto fue por disposición del coronel Roca. Más tarde, salió un expreso con caballos para Villa María". El mismo medio de prensa agrega que "el telégrafo desde aquí a Córdoba funciona con toda regularidad". Luego, señala que todo el movimiento se debe a la previsión del coronel Roca y no a "una necesidad forzosa y urgente", aunque estos comentarios hay que tomarlos con pinzas, pues durante el conflicto los medios de prensa fueron utilizados tanto para la publicación de los partes de cada bando, como para erosionar al enemigo mediante la difusión de "bolas" (trascendidos) como la ridiculización del enemigo.

 

Arredondo en Villa María, luego hacia Córdoba

Al final, el general Arredondo llegó y ocupó Villa María, cortó las comunicaciones mediante el telégrafo, interrumpió el tránsito por las vías férreas y dio descanso a su tropa. Ante este panorama, Carlos Paz se replegó a Córdoba capital.

Arredondo se anoticia de que Roca, establecido en Ballesteros, por el ferrocarril recibió refuerzos (400 hombres) y la caballada procedente de Rosario, entonces entiende que no podía avanzar en esa dirección y el 4 de octubre decide disponer de una locomotora del Ferrocarril Andino, formar un tren y trasladarse, con su tropa, hacia la ciudad de Córdoba. Al día siguiente el coronel Julio Argentino Roca, enterado de la partida de las tropas rebeldes, abandona Ballesteros y avanza hacia Villa María, donde se establece.

Roca trata de cortar la ruta de retirada de Arredondo, quien desarrolla algunas actuaciones en Córdoba. Al no encontrar apoyo decide salir de la ciudad y, por el camino antiguo, se va hacia Río Cuarto. En tanto, Roca, por el ferrocarril, avanzaba hacia la capital provincial.

 

Asumió Nicolás Avellaneda

El 11 de octubre, Roca, por tren, se dirige a Río Cuarto. Al día siguiente, en Buenos Aires, se realizó la transmisión de mando de Domingo Faustino Sarmiento al nuevo presidente de la Nación, Nicolás Avellaneda. En tanto, Roca aún no había llegado a Río Cuarto, hizo pausas en General Cabrera y Chucul y, el 14, luego de enterarse de que Arredondo abandonó la ciudad, decidió avanzar definitivamente hasta la misma.

El 15 de octubre, luego de dos semanas de interrupción, la empresa del Ferrocarril Central Argentino restableció la normalidad en su línea entre Rosario y Córdoba. En tanto, la línea del Ferrocarril Andino, entre Villa María y Río Cuarto, recién recobró su funcionalidad el primer día de noviembre.

La revuelta mitrista termina siendo derrotada el 7 de diciembre de 1874 en La Verde, provincia de Buenos Aires. En esta zona del sudeste cordobés, el paso de actores de esa rebelión trajo sorpresa e inquietud entre los lugareños. Uno de los militares que movió sus tropas en la zona, fue el entonces coronel Roca, quien luego sería ministro de Avellaneda y encabezó la mal denominada "Conquista del Desierto", que significó la matanza y el cautiverio de miles de seres humanos pertenecientes a pueblos originarios. En la campaña, para avanzar en la integración del territorio, Roca puso en práctica su idea personal acerca del sometimiento y/o la aniquilación de las poblaciones originarias. Posición contrapuesta a la visión que mantuvo Alsina, jefe del Partido Autonomista y también ministro de guerra de Avellaneda, quien había preferido apostar a la integración de esas poblaciones. 

lunes, 18 de marzo de 2024

TALLERES DE BALLESTEROS, ALGUNA TARDE DEL ´46 O DEL ´47

 TALLERES DE BALLESTEROS, ALGUNA TARDE DEL ´46 O DEL ´47

Hace unos días me llegó al teléfono, como franqueada desde algún correo del olvido, una vieja foto de Talleres. No necesité mirarla demasiado para entender que era una de las primeras. Hubo dos datos que me llevaron a esa conclusión: el primero fue la imagen del doctor Juan Bautista Lafourcade entre los jugadores; el segundo, el diseño de las camisetas.
Vestido de riguroso negro y en misión de delegado, Lafourcade fue el primer secretario de Talleres y uno de los socios fundadores del club aquel 19 de abril de 1945. Antes, había sido intendente (1936-1940) coincidiendo con la gobernación de Sabattini. Su gestión fue (y acaso sigue siendo) la más importante en la historia de Ballesteros. Y es que en apenas cuatro años, no sólo encuadró las calles con cordones y calzadas sino que puso el primer servicio de regador, perimetró el predio del ferrocarril, abrió la avenida San Martín y colocó los cimientos de la nueva iglesia. Pero también atendió gratis desde su consultorio, a la gente con menos recursos del pueblo, fundando la incipiente clínica. Finalmente y a modo de testamento, dejó la obra por la cual aún se lo recuerda: el trazado del Boulevard Roque Sáenz Peña y sus canteros con estatuas y copas, a imagen y semejanza de Versalles. Fue su modo de dotar de arte y belleza una localidad perdida del sudeste, homenajeando la patria de sus abuelos.
En cuanto a las camisetas, aquella formación respetaba el escudo primordial del club: la bandera argentina vertical. Esto me hizo pensar que la foto sería del año ´45 pero no fue así. Y es que, esa misma tarde Juan Pablo Magnín, historiador del club y encargado de seguir las campañas de Talleres desde los ´90, me contó la historia.
“La primera camiseta de Talleres fue celeste, como la de Belgrano. Y con ese color jugó durante todo el primer año. La que vos me mandaste, vino un tiempo después. Así que esa foto debe ser del ´46 o ´47; pero no mucho más allá”.
Le pregunto a Juan Pablo si conoce a los jugadores de la foto y me dice que no, pero que intentará averiguar cotejándola con otras formaciones antiguas. Yo, más por el ADN de mi pueblo que por conocimiento archivístico, me atrevería a afirmar que el tercer jugador parado al lado de Lafourcade es “Municaco” Rodríguez, papá del “Mache” y abuelo de “Tin” (ex delantero y actual “enganche”), y quien tiene la pelota es “Putino” González (papá del “Quico”, del “Bicha” y del “Chipaca”, tres leyendas albiazules). También es posible que entre los “players” del pasado se cuenten la “Pantera” Muñoz (abuelo o tío-abuelo del “Genco” y el Estéban), algún Moré y acaso también “Lencho” Bustos; pero no estoy seguro. De momento, es todo lo que puedo conjeturar mientras aquellos jugadores me sonríen, desde viejas canchas de la memoria.
Sin embargo, lo más importante de esta foto es que no vino de ningún buzón del olvido, sino que quien me la envió fue Enrique Guerrero, sobrino del doctor Laforucade e hijo de Nieve Guerrero, uno de los fundadores del club.
Radicado en Río Cuarto tras abandonar Ballesteros y luego Guatimozin, Enrique nació el mismo año que el club. Su mamá, Vicenta Hernández, era hermana melliza de Flora Hernández (1921-2014), la mujer que cuidó del doctor Lafourcade hasta su muerte en 1973. Lafourcade había nacido en Devoto, Provincia de Córdoba, en 1893. Y tras recibirse de médico, se había radicado en Ballesteros.
Le pregunto a Enrique si no me puede mandar esa foto en mejor calidad, ya que se trata de una joya absoluta no sólo para la historia del club sino también para la del pueblo. Pero me dice que lamentablemente no la tiene, que la foto pertenece a su hermano Antonio (“Maderita”) que vive en Venado Tuerto y que un día se la mandó por celular; pero que intentará conseguírmela de todos modos. Se la encargo una vez más. Y es que, durante el armado del libro que pude publicar en 2021 (“Ballesterenses/ Crónicas de un pueblo a orillas del Pozanjón”) siempre choqué con la misma dificultad: la de conseguir imágenes. Sencillamente, las fotos del pasado habían desaparecido.
“Estaban ahí hasta no hacía mucho”, me decían. Pero lo cierto es que se las había tragado la tierra o el olvido.
Por esa razón es que quise socializar esta imagen. Porque a pesar de su baja calidad en “pixels”, soy consciente de su altísimo valor documental. Y tengo miedo, una vez más, que se pierda; que alguien me diga un día “estaba ahí pero se la tragó la tierra”.
Pero también, y sobre todo, la quiero publicar como agradecimiento brutal a don Enrique, quien una tarde de marzo se acordó de mí y me mandó esa imagen maravillosa.
“Hola, Iván… Esta la tenés?” me había escrito.
Ahora sí que la tengo, Enrique… Y gracias a vos pude estar un rato en aquel partido del ´46 o del ´47; como cuando de chico me subía al cartel para mirar esos partidos que ahora son el pasado; esos clásicos del ´80 donde Talleres estaba formado por muchos hijos de esos jugadores en blanco y negro; esos que luego serían papás de los jugadores del presentes y que hoy posan ante los celulares con la misma sonrisa de hace ochenta años, para ser memoria y nunca olvido.
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POSDATA
Gracias a la ayuda invalorable de Walter "Mache" Rodríguez, Néstor Rodríguez, Miguel Ángel Cavallo, Cristina López y Gerardo "Pirucho" Rodríguez, pude reconstruir casi todo el plante de la foto. Helos aquí:
PARADOS: "Tata" Díaz, arquero; Muñoz?; Anastacio Ricardo "Municaco" Rodríguez; doctor Juan Bautista Lafourcade, delegado; "Sito" Martellono Tosello y el "Negro" Nieto (jugador de Ballesteros Sud).
AGACHADOS: Hipólito Francisco "Cebolla" Rodríguez, Víctor López (con boina), Reimundo "Mundo" Rodríguez (con la pelota), el "Zurdo" Carlomagno y Cardeña?.
Vale decir que hay tres hermanos Rodríguez titulares en el mismo equipo.
Agradeceré a todos los que puedan aportar más datos sobre esta foto!!! Y también a los que me puedan mandar material similar del fútbol en el club Talleres de los primeros años. Saludos!


jueves, 30 de marzo de 2023

BALLESTEROS TRANSATLÁNTICO

 BALLESTEROS TRANSATLÁNTICO 

Por Iván Wielikosielec









“Al fondo de mi pueblo está el mar”, me digo una vez más al ver esa vieja foto. 

Fue tomada en la esquina del Salón Parroquial cuando era la antigua iglesia. Esa imagen debe tener, por lo menos, cien años. Y testimonia una celebración en la avenida; acaso una fiesta de los inmigrantes ya que veo, o creo ver, una bandera española y otra italiana al costado de la nuestra. Y no sé si los nenes y nenas están “disfrazados” con la vestimenta de esos países, o si era la ropa con la que muchos acababan de llegar de Europa a un pueblo del nuevo mundo. 


Casi no hay autoridades en el acto o están detrás, con sus sombreros, bigotes y medallas. Pero tuvieron la delicadeza de poner por delante a los chicos.

 

"Al fondo de mi pueblo, está el mar”, me vuelvo a decir. Porque los galpones del ferrocarril trazan un suave horizonte gris al final de la avenida; y porque un poste de la luz entre los árboles pone un mástil en cruz contra la nave de la iglesia; como si todo ese contingente acabara de bajar de un transatlántico.


Lo cierto es que al ver aquella foto, he vuelto a viajar con la imaginación hasta un Ballesteros marítimo. 


Cuando era chico, me pasaba las tardes en el Pozanjón con las piernas colgando sobre el agua. Era el único puente en un pueblo sin río; sólo construido para el paso del tren. Pero a fuerza de mover las piernas y mirar el agua, me imaginaba que iba en barco en medio del océano. Y acaso todo el pueblo se lo imaginó también. Porque dijeron que el Pozanjón era un “ojo de mar”; es decir, una sucursal del Atlántico. 


Y es por eso que ya no me parece descabellado pensar que un día , todos esos chicos se bajaron en la playa del ferrocarril junto a todas  las leyendas. Que tocaron tierra firme, se sacaron una foto y cuando saludaron para volver, descubrieron que en vez de un puerto había una estación y en vez de un trasatlántico, había un tren. 


Entonces se desvanecieron como un sueño en otro sueño o agua en el agua hasta volverse imagen borrosa; instantánea fugaz en una playa del olvido.

lunes, 20 de marzo de 2023

MESSI JUEGA PARA TALLERES8

 MESSI JUEGA PARA TALLERES DE BALLESTEROS

Por Iván Wielikosielec




El escudo de Talleres de Ballesteros fue, al decir de uno de sus fundadores, don Narciso Davicco, “celeste y blanco como la bandera, pero a bandas verticales”. Y su primera camiseta tuvo también ese diseño. Basta ver la foto del equipo campeón del ´57 (el que obtuvo la primera estrella del club) para corroborarlo. O preguntarle, en todo caso, a don José Carlos Flores; uno de los jugadores que, 66 años después de aquella foto, aún vive para contarlo. 

Con el paso del tiempo, aquel diseño fue mutando hacia una “camisa doble banda”, como la de Newells Old Boys, pero en celeste y blanco. De hecho aún recuerdo, en nuestros tiempos de básquet a fines de los ´80, haber descubierto en un cajón de madera (estaba en el escenario del club como un sarcófago egipcio) aquel juego. Las camisas estaban dobladas y planchadas, como si aquel Talleres del ´70 fuera a salir en cualquier momento a la cancha. Pero ya no se usarían jamás y acaso aun duerman ahí, esperando el beso de Osiris, que las resucite.


Albicelestes pero también albiazules


En los ´80 y tras el boom nacional de su homónimo cordobés, Talleres de Ballesteros usó, lisa y llanamente, la camiseta del cuadro de barrio Jardín; la clásica a bastones azul y blanco. Y también una maravillosa casaca alternativa color azul marino con números en “tres dé”. Con esa "Sportlandia" ancestral, el equipo jugó hasta desteñirla contra soles y lluvias del lejano sudeste; en polvorientas canchas de Cintra y Ordóñez, Morrison y Bell Ville. 

Con la llegada de los ´90 y “el primer mundo”, hubo varios modelos donde la publicidad importaba más que el diseño, pero finalmente ocurrió el milagro: Talleres aunó las tres bandas verticales de su indumentaria primitiva con los colores de la segunda. Es el maravilloso diseño que, con mayores o menores variantes, utiliza al día de hoy.

Debo confesar (y acaso yo no sea del todo objetivo) que es la camiseta más hermosa del mundo para mí, incluida la primera, albiceleste. Y además, que a ese diseño no lo vi jamás en camiseta alguna; excepto en su réplica parisina o “plagio textil”, la nueva indumentaria del París Saint-Germain.

Cuando la vi estrenar el año pasado, pensé que algún espía francés había estado viendo casacas albiazules de todo el mundo en busca de una variante potente y original. Y que al dar con la de Talleres de Ballesteros (posiblemente vía Facebook) “robó” la idea sin cargo de conciencia; de la misma manera que un escritor famoso le roba un poema a otro, que es pobre y desconocido. Y sólo le puso ínfimas tiras rojas (separadores entre el azul y el blanco) para disimular el robo.

Luego, alejé de mí ese pensamiento paranoico. Y me dije que acaso fuera yo el que me equivocaba, que el PSG tal vez “ya tenía o había tenido” una camiseta así en el pasado más remoto. Y entonces, al trabajo de espionaje (o mejor dicho, de investigación) lo hice yo mismo. Pero entre todas las casacas de la historia del PSG, lo más parecido que me saltó fue una a “tres bandas verticales” pero con la franja del medio en rojo; la que usó el mismo Carlos Bianchi en su paso por ese club, que en esa década recién nacía. De hecho, el PSG se fundó en 1970, cuando la ancestral casaca ballesterense ya tenía 25 años de uso.


Escudo contra la tormenta


Hoy, cuando veo todas las camisetas del París Saint-Germain que se venden en el mundo (la “30” de Messi, la “7” de Mbappé, la “10” de Neymar) me digo que sería inútil un reclamo por “copyright”. y que si Ballesteros de casualidad ganara ESE juicio, de seguro no le cobraría al PSG NI un centavo. Sólo le pediría, acaso, que venga a jugar un amistoso al “Javier Arbarello”, un tiempo cada uno con la misma casaca a tres bandas verticales en azul y blanco y azul; porque lo mismo habría hecho o pedido don Miguel Davicco, el fundador del club. Y tengo razones de sobra para pensar así.

Una vez, cuando a fines de los ´40 dos aviones de guerra se quedaron sin nafta y aterrizaron forzozamente en el pueblo (la anécdota es parte del imaginario ballesterense y hay fotos por todos lados) Don Miguel los remolcó hasta la ruta con un camioncito. Y cuando los militares le preguntaron cuánto le debían por "el flete", don Miguel les respondió: “Nada, muchachos… Sólo una pasadita para nuestra gente…” Y eso fue lo que sucedió. Porque esa tarde, dos aviones a chorro con forma de zepelines sobrevolaron y “besaron” la flamante torre de la iglesia a la velocidad del rayo. Y a esa anécdota me la contó también don Narciso, muy poco tiempo antes de morir. Ese era el espíritu de su viejo, pero también del club que fundara junto a un grupo de trabajadores, entre los talleres de soldadura del pueblo. 

“Éramos gente servicial, nada más… Nunca nos interesó hacer plata… Sólo queríamos el bien para nuestra gente…” me había dicho don "Nacho" en una esquina del 2017, antes de despedirse de mí para siempre.

Lo único que yo quisiera hoy, en tanto “copyright”, es dejarle en claro a cada chico y cada hombre que se pone la camiseta del PSG en el mundo, que ese diseño no salió de las grandes marcas parisinas ni de sus diseñadores prestigiosos; ni de Pierre Cardin ni Adidas. Salió de un grupo de muchachos metalúrgicos que, una tarde de 1945, en un pueblo de la llanura, inventaban un club y un maravilloso escudo.

martes, 7 de marzo de 2023

A PEPE, POETA DE MI PUEBLO, 40 AÑOS DESPUÉS


 A PEPE, POETA DE MI PUEBLO, 40 AÑOS DESPUÉS

Por Iván Wielikosielec



No lo recuerdo pero acaso estuve ahí, me dije cuando Ceci me pasó aquella foto, hace unos años ya. Y lo vuelvo a decir hoy, cuando en viejos archivos de la PC y de la memoria, la foto ha reaparecido. 


Es una tarde antigua en la escuela del pueblo, más precisamente de 1980 según la fecha en la pared, oscurecida por la sombra de los paraísos. Debe haber sido el comienzo de clases en marzo o abril, y también el comienzo del otoño; porque tanto Pepe como los chicos aparecen abrigados. Pero también porque la sombra de los árboles muestra más ramas que follaje, como sacudidas por un viento helado. 


Pepe debe estar leyendo (imagino) un discurso de bienvenida al secundario, ya que detrás está el escudo del Manuel Belgrano y el cartel de recibimiento. 


Por esos tiempos, el primario y el secundario compartían el mismo edificio. Y es por eso que, a pesar del escudo, había chicos con delantal ese día. Y, como dije, acaso yo estuve ahí, empezando quinto grado con la señorita Máxima Ingrasia y luego con la señorita Susana Carotti, acaso la mejor maestra que tuve en mi vida. 


Si estuve o no estuve, no lo recuerdo. Pero de haber estado, no me extrañaría. Y acaso pueda reconstruir, mediante un invento de la percepción (mediante la “ficción”, dirían los profesores de literatura) la voz de Pepe en ese día. Era el poeta del pueblo (lo sería desde allí y para siempre) y estaba leyendo un discurso, como lo hizo en 1960 cuando se inauguró el Monumento de la Madre y la mujer que me trajo al mundo, con apenas 17 años, estuvo ahí (me lo dijo una tarde emocionada, mostrándome la foto que aún guardaba). Debe haberle dado la bienvenida a todo el colegio, celebrado los 20 años del secundario (la otra fecha en la pared marca 1960, el año de su fundación) y luego haberle hablado a los chicos. Y acá no me refiero a un discurso sino a “hablarles verdaderamente”, porque ese era uno de sus maravillosos dones; la honestidad brutal conque te preguntaba: “¿Cómo estás, querido?”, acariciándote la cabeza.


Las pocas veces que lo cruzaba en la calle y me lo decía, yo le daba, inesperadamente, la respuesta más sincera del mundo. Y estoy seguro que a los demás chicos les pasaba lo mismo. 


Por eso es que, aquella tarde de marzo o abril, debe haber hecho preguntas como esas, a todos y a cada uno. Y es muy probable, también, que haya leído un poema suyo  o haya citado al Martín Fierro, La Biblia o el Quijote, que eran sus libros de cabecera. 


De lo que si estoy seguro (y de esto no necesito de la “ficción” o de algún recurso que no provenga de la memoria), es que tras los aplausos, Pepe debió haberse retirado con timidez; mirando el piso o sus grandes zapatos gastados, con el pelo revuelto por el viento (el mismo viento que había pelado las ramas de los paraísos). Y también adivino que, poniéndose colorado, debe haber saludado a las maestras; agradeciéndoles efusivamente por la invitación a leer, para volver a su trabajo en la Unión Telefónica mientras su compañera de oficina, la señorita Esther Gallardo, enchufaba cables en un tablero de la segunda guerra, comunicando a Ballesteros con el mundo. De eso es, en definitiva, de lo que yo estoy seguro. De haber sentido que Pepe no era un maestro ni un profesor, ni un orador ni un telefonista. Tampoco un cura (a pesar de su trabajo en la iglesia) ni un director de orquesta (a pesar de llevar adelante el coro en la misa). No, Pepe era un poeta. Y aunque yo no tenía la menor idea de lo que eso quería decir, sabía que significaba "no ser del rebaño". Que “ser un poeta” era pertenecer a una ontología inclasificable y tal vez absurda; esa maravillosa vulnerabilidad portadora de algún “divertido estigma”, como esos chicos que nacen con pecas y que por eso mismo parecen más simpáticos. 

Pero también entendí, como pasaba con los chicos pecosos, que tras esa fachada “divertida” se podía ocultar algo terrible; la soledad y la incomunicación, los trabajos y los días de quien sólo vive para los poemas y las noches; ese otro uniforme (como su eterno guardapolvos gastado de Entel) para existir sin fricción alguna entre la gente. 


A esto que escribo lo confirmé años después al leer su “Mamarracho”, ese largo poema confesional y catártico en octosílabos martinfierristas; el mismo que estaba componiendo por esos días, muy poco antes de morir, en 1984. De eso me habló Ceci, su hija, aquel día de 2014, a 30 años de ese infarto en un pueblo de traslasierras, tan absurdo como su oficio de escribir.


Aquella tarde y cuando ya me iba, le pregunté a Ceci si su viejo era tan bueno con todo el mundo como lo era conmigo. Porque cada vez que me veía, al margen de hablarme, me acariciaba la cabeza como a un cachorro (como a un artista cachorro) muy querido, con un cariño tan inédito como inexplicable para mí. Y Ceci, sonriendo, me contestó: 


“No te lo iba a decir, pero ahora que me lo preguntás… Él siempre nos decía, al José y a mí: si lo ven al Iván, invítenlo a jugar con ustedes… Ese chico está muy solo. Sus papás se separaron y ha quedado a la deriva…”


Yo entendí en ese momento que, por el prodigio de alguna telefonía celeste, “Pepe” me estaba mandando ese mensaje a través de su hija y también a través del tiempo. 


Pasaron los días, los años, los lustros, y una década, ya, desde aquel día. Hasta que he vuelto a encontrar esa foto. La vuelvo a ver y me digo que no sé si estuve ahí, en ese acto, o si podría haber estado. Pero puedo recordar la voz de Pepe hablándome en una despensa y la voz de mi madre hablándome de Pepe y la voz de Ceci hablándome de su padre… 


De lo que no tengo dudas, tampoco, es que aquel hombre me ha enviado un segundo mensaje hoy. Y me ha dicho, como en aquel cartel del primer día de clases, “Bienvenido”. Bienvenido al mundo de los que están a la deriva y de los que no tienen uniforme, al mundo de los que miran el piso o sus zapatos gastados y no tienen cargos ni títulos ni prestigio. Bienvenido al mundo de los que tratan de escribir una página verdadera y buscan una voz interior honesta, como la que se precisa para hablarle a un niño.  


PD: Gracias, Ceci, por esa maravillosa foto de tu viejo!

domingo, 18 de septiembre de 2022

ROLANDO BUSTOS, MEMORIA LUMÍNICA DE BALLESTEROS

 ROLANDO BUSTOS, MEMORIA LUMÍNICA DE BALLESTEROS

Por Iván Wielikosielec














Sentado en el bar Por Iván Wielikosielec la YPF a contraluz del ventanal, Rolando recuerda otras luces; esas que ya no existen en el pueblo y que, si de casualidad volvieran a encenderse, no las vería tras la verde ceguera de sus anteojos. 


Las primeras son los siete focos que su padre, Domingo del Pilar Bustos, gestionó como secretario de gobierno de Florindo Rivera para las diez cuadras que iban a la rut

sábado, 10 de septiembre de 2022

BALLESTEROS SUD, 21 AÑOS ATRÁS

 BALLESTEROS SUD, 21 AÑOS ATRÁS

Por Iván Wielikosielec






















Ayer encontré, limpiando viejos archivos, la primera nota que hiciera en Ballesteros Sud. Fue en octubre del 2001 y la escribí para “Aquí Vivimos Villa María”. Aunque el centro de la revista era aquella ciudad, yo me había propuesto visibilizar sus alrededores, especialmente mi pueblo y su “hermano mayor” del sur. Y aunque leído 21 años después, mi texto me pareció bastante pobre, no me ocurrió lo mismo con la voz de los entrevistados. Mucho menos con las fotos que sacara Roberto Zayas. Y es que con el paso del tiempo, tanto los testimonios como las imágenes fueron tomando una fuerza inusitada, ganando un valor casi antropológico para mí. Y esas fueron las razones por las cuales aquella crónica no fue a parar a la basura.


Tengo recuerdos fugaces de aquella tarde de 2001. Me acuerdo, por ejemplo, cuando llegábamos a Ballesteros Sud en el auto de Roberto. Era una siesta de calor y de lejos se veía el puente, como una invitación a cruzar al otro lado del tiempo. Hacía siglos que yo no visitaba el pueblo; y lo encontré muy cambiado con respecto al de mi infancia. Eran pocas las casas antiguas que seguían en pie, y ya casi no quedaban árboles añosos en las veredas. Las primeras habían sido reemplazadas por viviendas de planes y los segundos, por plantitas de adorno. Los sulkys le habían dejado paso a los autos y los almacenes de ramos generales a los kioscos. Y aquel pueblo, que siempre me había parecido una sucursal del siglo diecinueve a cinco kilómetros de casa, entraba de pecho en el veintiuno.


Sin embargo, todavía quedaban vestigios de la historia y del pasado. Y de esas cosas quise dar cuenta en esa nota, al margen de un breve paneo de su vida social. Así, la primera postal humana que encontramos con Roberto, mereció su primera foto y mi primera entrevista. Y esto fue lo que escribí.


UNA SIESTA EN “LA VIEJA ESQUINA”


Tres de la tarde de un martes. Diego, Walter y Julián, de 21 años cada uno, acompañan a José Luis mientras pinta las letras del bar “La Vieja Esquina”. Saben que son la poca sangre joven que se quedó en el pueblo, junto con otro puñado de chicos que no llegan ni a la docena.


“Casi no hay juventud en Ballesteros Sud. Somos nosotros tres y una barrita de chicas que todavía no se han ido. A veces vamos todos a bailar a Idiazábal, Bell Ville, Morrison o Villa María” –comenta Diego.


“Acá trabajamos en lo que podemos y los únicos laburos que todavía quedan son la siembra de la soja y del trigo, descargar algún camión y pará de contar”, dice Walter con tranquila resignación. 


Mientras tanto José Luis, flaco y alto, con el pelo cortado a lo militar, prosigue en su labor de letrista y comenta: “Yo soy de acá pero vivo en Buenos Aires, en el partido de la Matanza donde trabajo de policía. Como ahora estoy de vacaciones, aprovecho y le doy una mano al otro José Luis, que es mi amigo”.


Entonces José Luis López, el nuevo consignatario del bar, nos abre la puerta y nos dice: “Pasen, muchachos”. Aunque el bar está desierto, es digno de atención el cariño que le ha puesto a la remodelación y al orden. Se lo digo. “Y… uno hace lo que puede… -dice con una mezcla de resignación y de orgullo- Como la situación está difícil, nos asociamos con un primo. Hacía cinco meses que la señora que atendía el bar lo dejó. El fin de semana mejora un poco porque en el club hay zona y vienen a jugar a las bochas de todos lados. A veces hay algún campeonato relámpago de fútbol y eso ayuda. Durante la semana, la cosa merma, pero igual vienen los clientes a tomar algo y juegan a las cartas. Demasiado para lo chico que es el pueblo…”


Antes de irnos, le pregunto a José Luis por el trabajo de las mujeres y me cuenta que la mayoría cose pelotas de fútbol. Me sugiere una casa y allá vamos.


COSEDORAS DE FÚTBOL


Yanina y Marcela están sentadas en el patio de ladrillos que da a la calle. Cada una se concentra en los cascos pentagonales que van uniendo con gran destreza y aguja mediante. Yanina ya tiene su pelota casi armada, mientras que Marcela está empezando una nueva.


“Acá, la mayoría de la gente cose fútbol –dice Yanina- Hay una señora de Ballesteros Norte que nos trae los cascos de Córdoba o Bell Ville y los armamos. Este es un trabajo por temporada y ahora hay mucho. Pero cuando empieza el invierno, casi no queda nada. Si tenés tiempo, podés coser a mano tres pelotas por día. En cambio si cosés con pinza, podés armarte alguno más. Nos están pagando $1,60 por pelota, pero el año pasado nos daban $2,40. Igual es uno de los pocos trabajos que hay acá y no es sólo para las mujeres. Hay muchos chicos que recién se casan y como no tienen trabajo, cosen también”.


Sin embargo, ellas no sólo sienten el rigor de la falta de empleo sino también el karma de haber quedado a trasmano del progreso, en un pueblo amenazado por el éxodo masivo.


“Hoy en día, la población de Ballesteros Sud está en 450 habitantes contando algunas colonias” comenta Marcela- “A la vez, el pueblo ha progresado con respecto a los últimos veinte años. Se pavimentaron las calles, se pusieron carteles con los nombres, se instaló el alumbrado público y se refaccionaron los edificios de la municipalidad y la iglesia”.


Amén de las mejoras, las chicas sienten que la situación laboral no ha cambiado en absoluto. “Al pueblo se le han hecho arreglos pero tendría que haber más empleo –señala Yanina- Hace un tiempo, se decía que iban a poner una fábrica para que trabajen las mujeres; que se iban a producir prendas de grafa para el campo... Pero al final, como siempre, no pasó nada. Hace veinte años que vivo acá y siento que la cosa está igual. Seguimos lejos de todo”.


Cuando le cuento a las chicas la idea de mi nota, me mandan de la jueza de paz. “Ella conoce mucho del pueblo y su historia”. Y cinco minutos después estamos golpeando su puerta.


“POR SU HISTORIA Y POR SU GENTE”


“A este pueblo le cuesta crecer porque la mayoría de la gente, cuando obtiene algún recurso, se va a otra parte. O sea que no deja su conocimiento ni su capital aquí”, comenta Eugenia Bópolo, la jovencísima jueza de paz de Ballesteros Sud- Además, estamos alejados cinco kilómetros de la ruta 9, que es por donde pasa todo; Aunque el primero en quitarnos los habitantes fue el ferrocarril, a 4 kilómetros. A la vera de esas vías nació Ballesteros Norte, y sus primeros habitantes fueron las personas que partieron de acá en busca de nuevos horizontes”.


-¿Cómo está el pueblo a nivel laboral?

-En  estos momentos tenemos una sola fábrica, que es la quesería de Heroles. Allí trabajan unas pocas familias del pueblo desde hace años. Por otra parte, nuestros chicos trabajan de lo que venga. Los que pueden estudiar, se van a Villa María, Bell Ville o Córdoba y generalmente ya no vuelven. Actualmente casi no hay profesionales en la localidad excepto el médico y los maestros de la escuela. El campo también está resentido porque se han traído máquinas. Y lo que antes hacían doce personas, ahora lo hacen dos. Por estos días, mucha gente se dedica a coser pelotas de fútbol como salida laboral.


-¿Y ayudas del gobierno?

-El año pasado todos nos ilusionamos con los Planes Trabajar, pero Ballesteros Sud no pudo acceder a ninguno. ¡Y era lógico! Acá no hay ninguna empresa que pueda emplear a los jóvenes o a los jefes de familia desocupados. Así que esa medida nos pasó de largo, como tantas otras cosas…


-Además de jueza de paz, dicen que conocés la historia del pueblo…

-La historia de Ballesteros Sud es muy atrapante y muy rica. Acá han vivido familias ilustres en las primeras estancias que se asentaron, mucho antes de la fundación del pueblo en 1828. Y porque próceres como Sarmiento, Belgrano y en especial el general José María Paz, hacen mención en más de una oportunidad a este lugar. Actualmente, estoy redactando unos trabajos sobre temas que me fascinan, pero voy de a poco.


-¿Cuándo asumiste como jueza?

-El 20 de junio pasado. Fue la primera en la historia que hay juzgado de paz aquí, y yo tengo el honor de ser la primera jueza. Todavía no tengo asignado un lugar, pero mientras tanto una señora amiga me prestó una piecita.


-¿Por qué se quedá en Ballesteros Sud Eugenia Bópolo?

-Por su historia y por su gente. En el pueblo hay mucha paz y mucho compañerismo. El único momento en que el pueblo se divide es cuando hay elecciones. Ahí tenés que tomar partido; o sos peronista o sos radical (risas). Pero eso dura una semana y después todo vuelve a la normalidad... 


21 AÑOS DESPUÉS


Cierro la revista y por alguna razón que desconozco, aquellas voces vuelven a mi cabeza con un eco lejano. Yo pensaba, por esos días, que el pueblo había cambiado completamente con respecto al de mi infancia; pero es mucho más lo que ha cambiado ahora con respecto al de ese octubre del 2021. Hoy casi ya no quedan casonas antiguas. El ancestral ladrillo visto del siglo diecinueve ha sido reemplazado por el revoque plástico de colores. Ya no se ven cosedoras de fútbol en la vereda y la esquina del viejo club Unión ha desaparecido para siempre. Sin embargo, algunas cosas siguen como ese entonces. La misma cantidad de habitantes y la misma jueza de paz; el mismo y maravilloso puente de 1908 y la escuela Julián Aguirre de 1909, que aquella tarde no pudimos visitar con Roberto por falta de tiempo (años después, yo haría muchas notas ahí, con las “seños” Gaby y Marisa). También se mantiene la capilla San Juan Bautista con su puerta tallada a golpes de hacha y sus hogueras del 24 de junio. Y el cementerio “indio” como una reliquia a cielo abierto en tiempos del malón. 


Pero lo que sigue absolutamente intacto en Ballesteros Sud, es el ancestral sentido de pertenencia de sus habitantes; ese que comparten junto a mitos y leyendas, donde el cautiverio de Celso Caballero allá por 1870, acaso sea el más importante.


Las voces dejan de hablar en mi cabeza y vuelve el silencio de esa siesta. Y luego, el motor del auto de Roberto que arranca.

Lo que también recuerdo de aquella tarde de hace 21 años, es haber hecho lo que hacía cada vez que atravesábamos el puente en la niñez; darme vueltas para ver el último pantallazo del pueblo antes de la curva; como si pudiera saludar de manera fugaz esa orilla del pasado.


IW

lunes, 7 de octubre de 2019

LA NUEVA LINTERNA - EDICIÓN 163 - SEPTIEMBRE DE 2019

La Nueva Linterna, 14 años junto al pueblo de Ballesteros. Desde Octubre de 2004 a la actualidad, con una tirada de más de 400 ejemplares distribuidos en la localidad y la región. Producción General: Omar Fuentes. Ballesteros - Córdoba - Argentina.



LA BANDERA DE BALLESTEROS


La Municipalidad de Ballesteros, informa a la comunidad en general, que el día 07 de Octubre del corriente, en la Sala de Sesiones del HCD, se procedió a la apertura de sobres del concurso denominado “Una Bandera para Ballesteros”. El Jurado encargado de seleccionar la propuesta ganadora, estuvo compuesto por:

• Juez de Paz, Dn. Gustavo Ré
• Intendente Municipal: Orlando Brusa.
• Presidente del H.C.D : Walter Rodríguez.
• Coordinadora y responsable de la UU. PP de Ballesteros: Carla Fiore.
• Eduardo Cerutti: Protocolo y Ceremonial.
• Waldino Caballero: Profesor de Arte/ Escultor.
• Directora de la Escuela Primaria Gral. San Martín: Gabriela Cáceres. En su representación la Sra. Alejandra Cornelio.
• Directora del Jardín San Martín de Infantes: Liliana Yelmini.
• Director del Colegio Secundario I.P.E.T N°139: Gral. Manuel Belgrano: Ricardo Parino.
Luego de una exhaustiva deliberación, se definió la Bandera Ganadora; cabe destacar que todos los proyectos presentados tuvieron gran dedicación y atractivo.
PROPUESTA GANADORA, BAJO EL SEUDÓNIMO “BALLESTEROS”
PRESENTADA POR EL SR. CRISTIAN MARCO BORDON.
LA BANDERA DE BALLESTEROS, SERA ESTRENADA Y PUESTA A FLAMEAR EN LA PLAZA NUEVA ESPERANZA A PARTIR DE LAS 19:00 HS; ENMARCADO EN EL CIERRE POR LOS FESTEJOS DE LOS 153º ANIVERSARIO DE NUESTRA LOCALIDAD.


Memoria Descriptiva

Las franjas celeste y blanca reflejan el espíritu nacional y provincial, contenido en las banderas de Argentina y Córdoba simbolizando así nuestro sentido de pertenencia.
En el centro del paño blanco se destaca el arco de ingreso a nuestro pueblo, también presente en el escudo de la localidad, símbolo de hospitalidad y buena disposición, de amistad y ayuda sincera, nos ayuda a no perder la identidad de nuestro pueblo, ya que es un icono del mismo.
La franja blanca representa la pureza de sentimientos, la libertad, la justicia social, sabiduría, la fuerza impulsora, integración, bondad y la paz.
También junto al arco se destaca el sol resplandeciente, que es el que se encuentra presente en la bandera de Córdoba. El engranaje representa la industria de Ballesteros, reconocida a nivel nacional a través de las múltiples fábricas las cuales han generado numerosas fuentes de trabajo.

La franja verde representa la riqueza de nuestras tierras, siendo estas de gran utilidad para la agricultura, la ganadería y la esperanza de los habitantes de Ballesteros, y a la pampa húmeda, ya que nuestro pueblo se encuentra enclavado en el centro de la misma. El verde también representa la fertilidad de nuestras tierras, que se ve reflejado en las cosechas actuales y por ser uno de los primeros poblados donde se cultivó la alfalfa. 

martes, 1 de octubre de 2019

ALTA EN EL CIELO - ¨BANDERA DE BALESTEROS¨

 

ALTA EN EL CIELO

(APUNTES SOBRE LA NUEVA BANDERA DE BALLESTEROS)



Me alegró muchísimo saber que, desde ayer, mi pueblo tiene bandera. Pero mi alegría fue mucho más grande cuando la vi en una foto publicada por el Municipio. La bandera es, desde todo punto de vista, muy hermosa; tanto en el diseño como en los colores y (por cierto) en su simbolismo más profundo. Y desde esta sencilla página felicito y abrazo a su creador, Cristian Bordón (“Quitano”, te pasaste!)

LA ENSEÑA QUE “QUITANO” NOS LEGÓ

En cierto modo, la bandera de Ballesteros es “casi” una bandera argentina. Sólo que la franja inferior, en vez de celeste es verde clara. Acaso recordando que fue en Ballesteros donde se sembró por primera alfalfa en el país. Y ese verde claro, compuesto por los colores azul, blanco y amarillo, está en fabulosa sintonía con las otras dos franjas. En cuanto al símbolo central (el arco del pueblo bordado en dorado bajo un sol, como un ojo que despierta) dialoga directamente con el escudo creado por Sara Savio en 1980, pero también con la bandera argentina (por el Sol de Mayo”) y la bandera de Córdoba (entre el sol y el arco de Ballesteros se recorta la silueta medieval del arco de Córdoba).

Sin embargo y más allá de estos detalles, lo más hermoso de la bandera es su impacto visual inmediato. Hay algo de civilizado y de salvaje en su factura final. Acaso porque me recuerda a la bandera de Hungría, con idénticas franjas inferiores verde y blanca que conocí en el mundial ´78 juntando tapitas. Hungría me hipnotizaba por el apellido de sus jugadores y por los gitanos, a los que también les decían “húngaros”. Y luego por sus leyendas de monstruos y vampiros (la condesa Bathory, descendiente de Drácula, y Matías Corvino, primo del conde), como sus fascinantes puentes dividiendo Buda de Pest como si dividieran oriente de occidente.

Pero también pensé en la bandera de otro reino casi salvaje, Tayikistán, que con frajas verdes y blancas también, tiene una corona bordada en dorado como la bandera de Cristian, y es un país limítrofe y desconocido entre el sur de la ex Unión Soviética, Afganistán y la China.

ÚLTIMO PUEBLO QUE HABLA “CORDOBÉS”

Y creo que Ballesteros comparte algo de esos pueblos y esas banderas también. La extraña característica de ser un pueblo de límites geográficos. Y es que sus vías demarcaron, en 1866, el norte y el sur de aquella “Esquina de los Ballesteros” por donde pasaba el río y el Camino Real. Y además fue mojón exacto entre “civilización y barbarie”; el punto exacto hasta donde llegaba el malón y dónde se empezaba a estar “a salvo”. Al menos para sembrar alfalfa.

Pero Ballesteros es, también, un pueblo de límites lingüísticos y culturales. Y podría decirse a ciencia cierta que “es el último pueblo del Este provincial” en donde se habla “cordobés puro”. Porque en Bell Ville la cosa cambia ostentosamente y en San Marcos y Leones ya se vuelve “dialecto rosarino”.

Ese “cordobés puro” que se habla en mi pueblo es, sin dudas, el dialecto más “salvaje” de toda la provincia. El más parecido al idioma de la capital pero con maravillosos giros gauchescos. Digamos que el “dialecto ballesterense” es a los pueblos cordobeses lo que el “dialecto uruguayo” es a los pueblos del Plata; una fabulosa y ancestral música oriental. Y lo más hermoso es que ese registro de habla, de momento no ha sido domesticado. De hecho, a nadie se le ocurriría hacer un programa de radio o de televisión en “ballesterense hard-core”. Sí, en cambio, buscarían locutores de Noetinger o Marcos Juárez, tonadas sin ninguna personalidad. E incluso los locutores del pueblo debieron aprender a hablar en “neutro” por el micrófono (el “Negro” Heredia, el “Cocho” Latino, el “Cefe” Santopolo o Emilce Sales son maravillosos ejemplos). Pero no pasa así cuando ellos o cualquier ballesterense habla al pie de calle. Allí, sabiéndolo o sin saber, cada ballesterense es un gran músico de la lengua; utilizando miles de giros e inflexiones de una riqueza inagotable y desconocida. Por eso es que me pareció un acierto tremendo ese espíritu “del Este” en la bandera del pueblo. ¿No somos acaso los “orientales” de la provincia? ¿No tenemos el mismo sol de uruguay en la bandera? ¿No somos la capital espiritual y oculta del Sudeste más profundo?

EL COLOR DEL POZANJÓN (PROMESAS DEL SUDESTE)

Cuando me enteré del concurso de la bandera, también yo hice unos esbozos que no llegaron a nada. Esto fue hace un par de años. Como Cristian, también imaginé (entre otros diseños) una suerte de bandera argentina. Sólo que entre el verde y el celeste, yo hubiera puesto un marrón-plateado: el color del Pozanjón al caer la tarde. Pero luego pensé que esa franja sería una falacia, puesto que el Pozanjón no puede reducirse a un color; acaso porque los tiene a todos y a la vez no es de ninguno.

El Pozanjón tiene algo de la ancestral terracota del pantano sobre el cual se asienta, pero también algo del siena jabonoso de los canales que desaguan, algo de la rojiza arcilla del óxido que traen las lluvias del verano y un extraño azul ultramar marítimo en su delicado lomo de otoño. Y sobre todo, el negro lodo removido por las vacas y caballos de los Rivera pastando en sus orillas desde hace un siglo, como el oscuro torbellino blanco que rezuma de sus napas más profundas, esas donde hierve el arsénico y (dicen los ballesterenses) tiran manotazos los tentáculos del océano. Y como los brazos de un pulpo cavaron un “ojo de mar” para mirar el cielo desde ese punto del mundo.

Y en ese sentido, Ballesteros es, también, un monstruo que vino del Este, como el océano. Ese monstruo que en el pueblo no tiene forma ni color pero se vuelve pupila enloquecida en las aguas de su laguna. Pupila que no tiene forma pero que acaso fue dibujada por primera vez por Cristian. Lánguidas pestañas como un Sol de Mayo, pupilas de arco apuntado bajo un sol naciente y mirada de cíclope esotérico. Ese que promete un amanecer de luz y cultura como el antiquísimo sol de los jesuitas.

lunes, 5 de noviembre de 2018

MARINA MACHADO - “Acá no podés repartir cartas si no te sabés el sobrenombre…”


Entrevista a Marina Machado, la única empleada del correo en Ballesteros, un poblado del interior argentino en donde a la gente sólo se la conoce por el apodo.

Marina Machado está a cargo del correo de Ballesteros, Argentina. 

El “Tikotá” y el “Chispita”, el “Cajón Desclavado” y el “Sapo Cancionero”; el “Vino Chuelto” y el “Ñiño Decente”, el “Kecho y Dulche” y el “Yuruca”. Hete aquí algunos de los ballesterenses de los cuales todos, o casi todos, ignoran el nombre. Incluso la dirección postal y el apellido.
Por eso es que a un cartero “extranjero” le puede resultar tan difícil entregarle una carta a José Francisco Fernández (calle Anselmo Vázquez sin número) como pedirle un autógrafo a Lionel Messi. Sencillamente porque en Ballesteros, José Francisco Fernández no existe. Pero si alguien pregunta “dónde vive el ´Pepino´ Fernández, todos le indicarán, e incluso lo acompañarán hasta la puerta de su casa.
No. Nadie puede ser cartero ni policía ni intendente en Ballesteros sin conocer el sobrenombre de cada uno de sus habitantes. Porque allí radica su ADN más profundo, “la identidad social” que lo configura como en ningún otro pueblo del planeta.
Y de eso puede dar fe Marina Machado, villanovense de nacimiento y, desde hace 9 años, ballesterense por adopción y única empleada postal del pueblo
.
NYC name here, “nacido y criado aquí”

“Llegué al pueblo en noviembre de 2009, cuando me trasladaron de la central de Villa María. Por ese entonces yo no conocía Ballesteros. Así que un domingo le dije a mi marido “¿vamos a dar una vuelta para ver mi nuevo lugar de trabajo”.

-¿Y cómo lo encontraste?

-Me pareció un pueblo muy tranquilo y mucho más chico de lo que es en realidad. ¡Yo me creía que Ballesteros se terminaba en la vía! (risas). Después descubrí que del otro lado es todo un mundo. Acaso más complejo que el de este lado…

-¿Y empezaste a repartir sola?

-No. Los primeros diez días me acompañó un cartero, pero después se fue y tuve que arregármelas. Los primeros meses daba vueltas como loca y no encontraba nada. Había un montón de correspondencia que decía el nombre de la persona pero la dirección era “sin número”. Y cuando preguntaba, muy pocos conocían los nombres de la gente o de las calles.
-¿Y cómo lo solucionaste?
-Fácil. Me tuve que aprender el apodo de cada uno (risas). Ese es el nombre que realmente vale. Acá no podés repartir cartas si no sabés el sobrenombre de cada uno… (risas)

-¿Te acordás cuál fue la carta más difícil de todas?

-Sí. Fue una vez tuve que llevar una tarjeta de crédito atrás de la vía. ¡Estuve tres horas para entregarla! No había forma de encontrar a esa persona porque nadie la conocía. Primero renegué con la calle porque todos me decían “atrás de la vía las calles no tienen nombre; es todo “zona Sur”. Yo creía que “Ballesteros Sud” era atrás de la vía (risas). Hasta que una mujer me preguntó cuál era el segundo nombre de la persona que buscaba. Y cuando se lo dije, me dijo “es mi hijo, pero nosotros no le decimos así”. Y me dijo el sobrenombre. Imagináte… ¡Ni la madre conocía al hijo por su nombre!

-¿Es más difícil repartir en el pueblo que en la ciudad?

-¡Mucho más difícil! En Villa María está todo señalizado con calle y número, pero acá no; acá hay que recorrer todo. Ahora estoy acostumbrada. En los últimos tiempos, por suerte, se menciona más el nombre de las calles.

-¿Por qué?

-Tiene que ver conque ha venido mucha gente de afuera. Y esa gente no te dice “vivo al lado de tal y tal”. Se aprenden la calle y el número y te lo dicen. Después, la gente que viene a mandar una carta documento o el descargo de una multa, me piden que les haga el sobre. Y entonces les pregunto el nombre y la dirección y me los aprendo. A los más chicos, recién les conozco el nombre cuando vienen a mandar cartas para el “Plan Primer Paso”…

Un pueblo con inmigrantes recientes

-Decías que ha venido mucha gente nueva a Ballesteros ¿De dónde?

-De todos lados. Del Chaco, de Formosa, de Entre Ríos, de Santa Fe, de Buenos Aires… Muchos se vuelven pero también muchos se quedan y traen a la familia. Por lo que me cuentan acá, eso es inédito. Parece que durante años no hubo ningún tipo de inmigración en el pueblo…

-También hay una pequeña comunidad boliviana ¿Vienen al correo?

-No, no vienen porque acá no tenemos servicio de Western Union. Y ellos suelen ir al correo para mandar plata a su país. A eso lo vi en Villa María.

-¿Cómo te arreglás con el reparto en la zona rural andando en bicicleta?

-La correspondencia queda acá y la retiran ellos. Una vez por semana vienen de las estancias vecinas; “La Atalaya”, Bionet, “Santa Rita”…

-¿Y Ballesteros Sud?

-Con Ballesteros Sud pasa lo mismo. Vengo temprano, clasifico la correspondencia y pasa el hombre de la Unidad Postal que se la lleva. Después al mediodía, me trae el bolso y los documentos de entrega.

-¿Qué pasa en el pueblo cuando Marina tiene vacaciones?

-¡Ese es todo un tema! Generalmente me cubren de otro lugar, pero ese empleado no reparte. Yo les digo a todos que no voy a estar durante diez días, para que vengan a buscar la correspondencia los que reciben siempre; que son la cooperativa, la Municipalidad, alunas empresas y las fábricas de cadenas. Pero el teléfono no para de sonar cuando me voy. Yo igual contesto. Es mi modo de seguir estando en el pueblo, al que siempre extraño…

Tienes un e-mail

-Hoy el correo ha dejado de ser “de cartas” ¿Cómo sobrevive?

-Repartimos mucho para Mercado Libre, que ha vuelto al Correo Argentino hace dos años. Los chicos compran todo por ahí. Hasta las zapatillas. Todas las semanas reparto diez o doce paquetes pero la semana pasada entregué 57. Desde hace unos años, el correo se ha convertido en servicio de paquetería y en logística de empresas que facturan, como Claro, Direct TV o el Banco Nación.

-¿Y nadie mandó cartas jamás?

-Cuando llegué, había una sola señora que se escribía cartas con una familia amiga de Oncativo, pero después falleció. Hay algunos que se escriben  a sí mismos para mandarse postales cuando se van…

-¿Vendés filatelia?

-Mucho más de lo que te puedas imaginar. Acá en el pueblo no hay muchos coleccionistas, pero cuando aparecen sellos nuevos, los vienen a comprar. El Gastón Zinna es mi cliente número uno… (risas) Pero también viene gente de afuera. Dicen que en los pueblos consiguen cosas que en la ciudad están agotadas o que, sencillamente, no llegan por el uso de la franqueadora. Ya ves que el pueblo tiene sus ventajas…

-¿Siempre quisiste trabajar en el correo?

-Si, toda la vida. De hecho yo vengo de una familia de empleados. Mi abuelo fue “guarda hilos” de telégrafo en Villa María y se llamaba Antonio Machado, como el poeta. Después entró mi papá, que se jubiló hace tres años. Yo podría haber entrado antes pero por ese entonces el correo estaba privatizado y tuve que esperar. Se restatizó recién en 2003, en el gobierno de Néstor Kirchner. Yo ingresé en 2009 y a los pocos meses ya estaba trabajando acá.

Media naranja y media vida

-¿Y qué me podés decir de Ballesteros?

-Que le estoy más que agradecida a la gente del pueblo porque del momento que me vine, todos me abrieron las puertas de sus casas. Y no sólo en el reparto sino en el corazón.

-¿Cómo es esto?

-El primer día de trabajo me vino a ver la “Tota” de la despensa, y también doña Beba Tissera. Las dos se presentaron, me dijeron que eran mis vecinas y que estaban a disposición para lo que yo necesitara. Y siempre pude contar con ellas. Lamentablemente fallecieron las dos. Ahora, la que es incondicional conmigo, es la Estela Maris, la hija de la “Tota”. Acá nunca tuve problemas con nadie porque hay gente muy buena. A veces, en Villa Nueva, me dicen “¿viste lo que pasó allá en tu pueblo? (risas). Y tienen razón.

-Entonces, ¿este es tu pueblo?

-Ahora sí. Yo me vendría a vivir acá mañana mismo pero tengo dos hijos adolescentes y no quieren saber nada con dejar la escuela y los amigos de Villa Nueva. Yo sería muy feliz acá. Y de hecho lo soy durante las doce horas diarias que dura mi trabajo. Durante ese medio día que es también la mitad de mi vida entera…

Nota que hice con Marina Machado, del correo de Ballesteros, que la acaban de subir a una página de los Estados Unidos, la revista Hispanic L.A., de Los Ángeles.