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jueves, 14 de septiembre de 2023

La Iglesia de Ballesteros ya tiene su biografia

 LA IGLESIA DE BALLESTEROS YA TIENE SU BIOGRAFÍA

Los historiadores Aldo Campana y Ricardo Muela acaban de subir a su página, “Capillas y Templos” de Córdoba, un maravilloso estudio histórico y arquitectónico sobre la Iglesia San José de Ballesteros.
El trabajo, de más de cien páginas incluidas fotografías, extractos de libros, facsímiles y documentos (incluidos mapas, planos y dibujos) arrojan una imprevista y maravillosa luz sobre la construcción del templo pero también (y sobre todo) sobre en el diseño de aquel “nuevo país” basado en el ferrocarril que originaría Ballesteros, acaso en las antípodas (en el buen y en el mal sentido) del otro, telúrico y colonial, representado por Ballesteros Sud; nuestro “hermano mayor”.
Como nota de color, hay que remarcar que el trabajo toma tres figuras insoslayables para entender la identidad ballesterense: la del doctor Cármine Amicarelli, hijo del primer inmigrante del pueblo (referente sanitario en tiempos de la peste de fines del siglo XIX); el doctor Ricardo Caballero (referente político y científico) y el padre Francisco Company (referente espiritual); centrándose el texto en el litigio que expropió de manera tan brutal como ilegal la casa y el terreno que Caballero donara a la Iglesia, con mediación de Company (ambos eran muy amigos) para la construcción del nuevo templo, a partir de 1939.
Este trabajo comprende el templo 104 relevado por ambos historiadores, en un proyecto inédito en el país, y que no cuenta con presupuesto oficial alguno. Por cierto (vale recordarlo) el trabajo 91 estuvo consagrado a la Capilla San Juan Bautista de Ballesteros Sud.
No tengo dudas que ambas contribuciones merecen una edición en papel. Creo que sería el modo en que nuestras comunidades podrían hacerles justicia a Aldo y Ricardo por el inmenso trabajo realizado; y cuyo resultado editorial merecerá, sin dudas, un lugar en los anaqueles más queridos del pueblo, junto a la maravillosa “Historia de Ballesteros” de José Ernesto Cacciavillani y el tremendo estudio de Renata Césare sobre el Pozanjón, que también espera editor desde su ejemplar único depositado, a modo de tesis universitaria, en nuestra biblioteca.
Les comparto el link para que todos podamos leer, con orgullo, acerca de nuestra historia; de nuestro lugar en el mundo que, a partir de hoy, sabe un poco más acerca de sí mismo.

jueves, 30 de marzo de 2023

BALLESTEROS TRANSATLÁNTICO

 BALLESTEROS TRANSATLÁNTICO 

Por Iván Wielikosielec









“Al fondo de mi pueblo está el mar”, me digo una vez más al ver esa vieja foto. 

Fue tomada en la esquina del Salón Parroquial cuando era la antigua iglesia. Esa imagen debe tener, por lo menos, cien años. Y testimonia una celebración en la avenida; acaso una fiesta de los inmigrantes ya que veo, o creo ver, una bandera española y otra italiana al costado de la nuestra. Y no sé si los nenes y nenas están “disfrazados” con la vestimenta de esos países, o si era la ropa con la que muchos acababan de llegar de Europa a un pueblo del nuevo mundo. 


Casi no hay autoridades en el acto o están detrás, con sus sombreros, bigotes y medallas. Pero tuvieron la delicadeza de poner por delante a los chicos.

 

"Al fondo de mi pueblo, está el mar”, me vuelvo a decir. Porque los galpones del ferrocarril trazan un suave horizonte gris al final de la avenida; y porque un poste de la luz entre los árboles pone un mástil en cruz contra la nave de la iglesia; como si todo ese contingente acabara de bajar de un transatlántico.


Lo cierto es que al ver aquella foto, he vuelto a viajar con la imaginación hasta un Ballesteros marítimo. 


Cuando era chico, me pasaba las tardes en el Pozanjón con las piernas colgando sobre el agua. Era el único puente en un pueblo sin río; sólo construido para el paso del tren. Pero a fuerza de mover las piernas y mirar el agua, me imaginaba que iba en barco en medio del océano. Y acaso todo el pueblo se lo imaginó también. Porque dijeron que el Pozanjón era un “ojo de mar”; es decir, una sucursal del Atlántico. 


Y es por eso que ya no me parece descabellado pensar que un día , todos esos chicos se bajaron en la playa del ferrocarril junto a todas  las leyendas. Que tocaron tierra firme, se sacaron una foto y cuando saludaron para volver, descubrieron que en vez de un puerto había una estación y en vez de un trasatlántico, había un tren. 


Entonces se desvanecieron como un sueño en otro sueño o agua en el agua hasta volverse imagen borrosa; instantánea fugaz en una playa del olvido.

lunes, 20 de marzo de 2023

MESSI JUEGA PARA TALLERES8

 MESSI JUEGA PARA TALLERES DE BALLESTEROS

Por Iván Wielikosielec




El escudo de Talleres de Ballesteros fue, al decir de uno de sus fundadores, don Narciso Davicco, “celeste y blanco como la bandera, pero a bandas verticales”. Y su primera camiseta tuvo también ese diseño. Basta ver la foto del equipo campeón del ´57 (el que obtuvo la primera estrella del club) para corroborarlo. O preguntarle, en todo caso, a don José Carlos Flores; uno de los jugadores que, 66 años después de aquella foto, aún vive para contarlo. 

Con el paso del tiempo, aquel diseño fue mutando hacia una “camisa doble banda”, como la de Newells Old Boys, pero en celeste y blanco. De hecho aún recuerdo, en nuestros tiempos de básquet a fines de los ´80, haber descubierto en un cajón de madera (estaba en el escenario del club como un sarcófago egipcio) aquel juego. Las camisas estaban dobladas y planchadas, como si aquel Talleres del ´70 fuera a salir en cualquier momento a la cancha. Pero ya no se usarían jamás y acaso aun duerman ahí, esperando el beso de Osiris, que las resucite.


Albicelestes pero también albiazules


En los ´80 y tras el boom nacional de su homónimo cordobés, Talleres de Ballesteros usó, lisa y llanamente, la camiseta del cuadro de barrio Jardín; la clásica a bastones azul y blanco. Y también una maravillosa casaca alternativa color azul marino con números en “tres dé”. Con esa "Sportlandia" ancestral, el equipo jugó hasta desteñirla contra soles y lluvias del lejano sudeste; en polvorientas canchas de Cintra y Ordóñez, Morrison y Bell Ville. 

Con la llegada de los ´90 y “el primer mundo”, hubo varios modelos donde la publicidad importaba más que el diseño, pero finalmente ocurrió el milagro: Talleres aunó las tres bandas verticales de su indumentaria primitiva con los colores de la segunda. Es el maravilloso diseño que, con mayores o menores variantes, utiliza al día de hoy.

Debo confesar (y acaso yo no sea del todo objetivo) que es la camiseta más hermosa del mundo para mí, incluida la primera, albiceleste. Y además, que a ese diseño no lo vi jamás en camiseta alguna; excepto en su réplica parisina o “plagio textil”, la nueva indumentaria del París Saint-Germain.

Cuando la vi estrenar el año pasado, pensé que algún espía francés había estado viendo casacas albiazules de todo el mundo en busca de una variante potente y original. Y que al dar con la de Talleres de Ballesteros (posiblemente vía Facebook) “robó” la idea sin cargo de conciencia; de la misma manera que un escritor famoso le roba un poema a otro, que es pobre y desconocido. Y sólo le puso ínfimas tiras rojas (separadores entre el azul y el blanco) para disimular el robo.

Luego, alejé de mí ese pensamiento paranoico. Y me dije que acaso fuera yo el que me equivocaba, que el PSG tal vez “ya tenía o había tenido” una camiseta así en el pasado más remoto. Y entonces, al trabajo de espionaje (o mejor dicho, de investigación) lo hice yo mismo. Pero entre todas las casacas de la historia del PSG, lo más parecido que me saltó fue una a “tres bandas verticales” pero con la franja del medio en rojo; la que usó el mismo Carlos Bianchi en su paso por ese club, que en esa década recién nacía. De hecho, el PSG se fundó en 1970, cuando la ancestral casaca ballesterense ya tenía 25 años de uso.


Escudo contra la tormenta


Hoy, cuando veo todas las camisetas del París Saint-Germain que se venden en el mundo (la “30” de Messi, la “7” de Mbappé, la “10” de Neymar) me digo que sería inútil un reclamo por “copyright”. y que si Ballesteros de casualidad ganara ESE juicio, de seguro no le cobraría al PSG NI un centavo. Sólo le pediría, acaso, que venga a jugar un amistoso al “Javier Arbarello”, un tiempo cada uno con la misma casaca a tres bandas verticales en azul y blanco y azul; porque lo mismo habría hecho o pedido don Miguel Davicco, el fundador del club. Y tengo razones de sobra para pensar así.

Una vez, cuando a fines de los ´40 dos aviones de guerra se quedaron sin nafta y aterrizaron forzozamente en el pueblo (la anécdota es parte del imaginario ballesterense y hay fotos por todos lados) Don Miguel los remolcó hasta la ruta con un camioncito. Y cuando los militares le preguntaron cuánto le debían por "el flete", don Miguel les respondió: “Nada, muchachos… Sólo una pasadita para nuestra gente…” Y eso fue lo que sucedió. Porque esa tarde, dos aviones a chorro con forma de zepelines sobrevolaron y “besaron” la flamante torre de la iglesia a la velocidad del rayo. Y a esa anécdota me la contó también don Narciso, muy poco tiempo antes de morir. Ese era el espíritu de su viejo, pero también del club que fundara junto a un grupo de trabajadores, entre los talleres de soldadura del pueblo. 

“Éramos gente servicial, nada más… Nunca nos interesó hacer plata… Sólo queríamos el bien para nuestra gente…” me había dicho don "Nacho" en una esquina del 2017, antes de despedirse de mí para siempre.

Lo único que yo quisiera hoy, en tanto “copyright”, es dejarle en claro a cada chico y cada hombre que se pone la camiseta del PSG en el mundo, que ese diseño no salió de las grandes marcas parisinas ni de sus diseñadores prestigiosos; ni de Pierre Cardin ni Adidas. Salió de un grupo de muchachos metalúrgicos que, una tarde de 1945, en un pueblo de la llanura, inventaban un club y un maravilloso escudo.