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sábado, 19 de marzo de 2016

La historia de un templo que renueva la fe

La celebración de los 70 años de la construcción del edificio congrega a 

los fieles de manera significativa

 Sábado, 19 de marzo de 2016  Regionales


Además, se produjeron algunos cambios, como la Misa de Primera Comunión para esta fecha
Histórica imagen de monseñor Dean, monseñor Butteler y el padre Armando Piazza en una celebración por un aniversario de la parroquia, de hace tiempo ya (no se pudo precisar la fecha con certeza, pero sería 1968)
Histórica imagen de monseñor Dean, monseñor Butteler y el padre Armando Piazza en una celebración por un aniversario de la parroquia, de hace tiempo ya (no se pudo precisar la fecha con certeza, pero sería 1968)
Este año los Festejos Patronales de Ballesteros tienen una característica distintiva. En primer lugar se cumplen 70 años de la fundación de la parroquia nueva. Además, se incluyó la misa ceremonia para otorgar la Primera Comunión a niñas y niños de la comunidad, acto que se realizaba tradicionalmente el 8 de diciembre, junto con la celebración a la Virgen María.
Anteriormente, la localidad contaba con una pequeña capilla, hoy conocida popularmente como “salón parroquial”. Aquel viejo templo, que se encuentra ubicado paralelamente a la moderna construcción, sigue acompañando a la comunidad, siendo sede de eventos sociales, reúne a los niños y niñas ballesterenses que asisten a sus clases de catequesis. El 17 de diciembre de 1917 la Primera Capilla fue erigida parroquia.
Con el correr del tiempo, el crecimiento y desarrollo de la comunidad trajo consigo la necesidad de generar un nuevo espacio de comunión para quienes profesan la fe católica y es en ese marco que el 12 de octubre de 1939 se colocó la piedra fundamental del templo en la esquina de Roque Sáenz Peña y San Martín. Siete años después; el 19 de marzo de 1946, para las Fiestas Patronales, Ballesteros asistió a la inauguración de la nueva iglesia.

Cumpleaños
La celebración del 70º aniversario junto con la conmemoración de los Festejos Patronales han sido declarados “De Interés Legislativo” por la unicameral cordobesa en la sesión del 16 de marzo de 2016. El proyecto fue presentado por el legislador departamental Dardo Iturria.
Cabe señalar que la información sobre la iglesia fue consultada a personal colaborador del municipio en área patrimonio.

San José del altar mayor, es el mismo que se encontraba en el viejo templo, el que fue traído desde España
San José del altar mayor, es el mismo que se encontraba en el viejo templo, el que fue traído desde España
Semana de festejos
Con una nutrida agenda, la localidad transita los Festejos Patronales en honor a San José. Este año, además se conmemoran los 70 años de la Iglesia San José.
Para el día jueves 17 de marzo, posterior a misa de Novena, en las instalaciones del salón parroquial se presentará una reseña histórica de la parroquia. Además, integrantes del grupo de teatro municipal “Peinando Canas” con sede en el Centro de Jubilados y Pensionados presentará la obra “Las 24 horas”.
En tanto que para el día viernes está prevista para las 21, en la Parroquia San José, la presentación del “Dúo Mallo D’Agostino” con la obra “12 cuerdas para el alma”.

Cierre
El día sábado, fecha en que se celebra a San José, la jornada de festejos comienza a las 10 con la misa de Primera Comunión. Posteriormente, a las 20 se llevará a cabo la misa celebrando al Santo Patrono, finalizando con la tradicional procesión por las calles de la localidad.

domingo, 24 de enero de 2016

Perla colonial de la pampa gringa

 Domingo, 24 de enero de 2016 - El Diario de Villa María


Inaugurada el 19 de marzo de 1946, la iglesia “San José” de Ballesteros cumplirá 70 años. Detrás de las Fiestas Patronales y la clásica procesión hay una historia; la de una comunidad que decidió erigir un templo que fuera su orgullo
Con su cúpula inmensa sobre el altar y su torre de tres pisos rematada en mirador desde donde abarcar la llanura, la iglesia “San José” de Ballesteros es tan original como impactante. Y es que su estilo, de un barroco colonial tardío, en nada se condice con el de los templos de la zona. De hecho, los pueblos y ciudades de la “pampa gringa” han abrevado en diseños mucho más modernos o declaradamente renacentistas, como Villa María o Villa Nueva cuyas catedrales han emulado la Basílica de San Pedro. Sin embargo, la iglesia de “San José” es hija directa de la arquitectura jesuita, tomando su diseño muy especialmente de la Estancia Santa Catalina, de 1754. De este modo, Ballesteros apostó por la arquitectura europea en tierras cordobesas, erigiéndose (en cierto modo) en una “sucursal tardía” de la Compañía.
A este respecto trato de imaginarme (a falta de documentos más fehacientes) las charlas entre el párroco ballesterense de 1939, Francisco Compañy, y el arquitecto porteño Carlos Alfredo Rocha. “Queremos que la iglesia del pueblo sea clásica y a la vez muy cordobesa que impacte, pero que sea sencilla. Que a partir de ahora cuando dejemos el viejo salón, sea el edificio más importante de Ballesteros ¿podrían hacernos un diseño acorde a estas exigencias?”. Y me imagino a Rocha diciéndole “Ningún problema, padre Francisco”, y a los pocos días trayéndole varios bocetos. “¡Este mismo! ¡Exactamente este!”, habría dicho Compañy, señalando el dibujo de la actual iglesia; casi como un “hágase la luz” para que pocos años después el templo fuera una realidad.

Colocación de la piedra fundamental, 12 de octubre
Y así, el 12 de octubre de ese año se colocaría la piedra fundamental del templo en la esquina de Roque Sáenz Peña y San Martín, en el solar donado por el doctor Ricardo Caballero al que concurriría todo el pueblo. Y casi como una promesa de la concreción, se repartirían postales con el dibujo de la futura iglesia; que aún quedan en el cajón de algunos memoriosos y que sorprenden tanto por su calidad gráfica como por la cercanía entre boceto y edificación.
La piedra fundamental estuvo bendecida por monseñor Fermín Lafitte y el proyecto fue dirigido por el ingeniero Antonio Sánchez Partierra. La empresa constructora fue Zanetti de Bell Ville y el templo se inauguró 7 años después; el 19 de marzo de 1946 para las Fiestas Patronales; siendo Compañy aún el párroco (fallecería tres años después).
Un detalle nada menor, es que las obras del templo comenzarían en la Intendencia del doctor José Lafourade, coincidiendo con uno de los momentos de mayor esplendor de Ballesteros y de sus obras más emblemáticas (no sólo la iglesia sino también los canteros con estatuas del bulevar Roque Sáenz Peña). Pero la iglesia recién se inauguró durante el mandato de Emeterio Samamé.
Cabe destacar que, amén del estilo jesuita, hay otros dos elementos que emparentan a la iglesia de Ballesteros con el legado histórico de Córdoba y el país. El primero es la veleta con forma de carreta que, sobre la cúpula sur, marca la dirección del viento. Se trata de un símbolo del Camino Real y cada vez que el viento sopla del norte la carreta pareciera dirigirse a Ballesteros Sur, de cuya “Esquina de los Ballesteros” vinieron los primeros habitantes. El segundo elemento fue descripto por doña “Muninga” Cáceres en un cuaderno y lo copio textual. “El hermano del ingeniero Partierra se llamaba Ricardo y era miembro de la Comisión Renovadora del Cabildo Histórico de Buenos Aires. De tal modo que consiguió un ladrillo del viejo Cabildo para ser colocado en el altar mayor, donde aún se conserva”. Fue Ricardo Partierra, también, quien donaría los fabulosos vitrales que, rodeando la nave, narran la vida de Nuestro Señor Jesucristo. En otro orden de cosas, la imagen de San José con el Niño en brazos que preside el templo como la campana de bronce, fueron traídos de España. Y según reza en su “Historia de Ballesteros” José Cacciavillani, “está afinada en Fa Sostenido Mayor, el mismo tono en el que cantan varios pájaros de la zona”. Y “Pepe” señala, además, que “se trata de un tono particularmente festivo y optimista”. Y me pregunto (nuevamente con la imaginación) qué porcentaje de influencia tendrá ese “tono musical” en la idioscincracia ballesterense y si a su modo aquel golpe de bronce cada media hora no forjará el carácter de los nacidos y criados en el pueblo.


Tarjeta postal de 1939
Setenta años después
El padre Miguel Angel Crippa es el párroco de Ballesteros desde 1995 y, con 21 años de servicio, está a sólo dos de igualar el “récord” de Armando Piazza, cura de Ballesteros entre 1948 y 1971. Crippa junto a las tres mujeres del consejo administrativo parroquial me reciben en la sala de la iglesia. Y así, Cristina Quinteros de Ceballos, Norma Comba de Nocelli y Mónica de Repetti me cuentan sobre las actividades que preparan para el 19 de marzo, de los 50 chicos que tomarán la primera comunión por la mañana (cambiando la fecha tradicional del 8 de diciembre al tratarse de un año excepcional por los festejos) de la misa y la procesión que tendrán lugar por la tarde y de la cena en la Sociedad Italiana al final de la jornada. Y hablando de comuniones, le pregunto a Crippa si se mantiene el número desde que asumió como cura. “Sí, se mantiene e incluso es un poco superior al de los ´90, al igual que los bautismos. El único número que ha bajado tremendamente es el de los casamientos. Cuando me hice cargo de la parroquia casaba 20 parejas por año. Hoy, apenas si llegan a dos o tres con suerte. Han cambiado los tiempos y creo que a los jóvenes ya no les importa demasiado el sacramento. Pero este no es un problema sólo del pueblo sino de todo el país, incluso de todo el mundo”.
Les pregunto a los cuatro qué cosas harían falta en la iglesia. “Tendría que estar pintada para este cumpleaños, pero antes hay que arreglar un problema de humedad -dice Crippa-. Además, a la torre hay que ponerle unas tejas nuevas”. Y las mujeres me comentan que la comisión realiza muchas actividades para recaudar fondos. “Dos colectas al año y dos ventas de empanadas”. También me cuentan que integran la Comisión de Cáritas que en 2015 entregó 30 nuevas viviendas en el pueblo. “Además, para Navidad organizamos el Pesebre Viviente y ahora un Taller de Oración. También hay un Grupo de Jóvenes nuevo, con chicos de 20 años y tenemos once catequistas. En cuanto al mantenimiento, en 2004 se pintó la iglesia completa y se iluminó la torre, en 2006 se inauguraron las rejas y en 2009 los pilotines. Pero como dice el padre, nos faltaría volver a pintarla de nuevo para el día de su cumpleaños”.
Igual, con más o menos pintura, la iglesia luce su fachada jesuita imponente por encima del caserío. Y cuando llega la hora de la foto me pregunto qué hubiera pensado el padre Compañy si hubiera podido ver este momento. Porque la iglesia que mandó construir para que se levantara en la llanura aún sigue siendo el edificio más importante de Ballesteros, la referencia obligada cuando el pueblo se ve de lejos. Y esa arquitectura que un día brotó como un árbol de cuatro pisos regada por el sudor de todos los ballesterenses, devino en perla colonial de la pampa gringa, en patrimonio irrenunciable de una comunidad, en fabuloso símbolo de identidad como su campana, llamando a sus hijos desde una altura de vértigo.


El padre Crippa con Cristina, Patricia y Norma, ayudantes
Curas y amigos de la iglesia
Desde que fuera declarada “Parroquia” en 1918, esta es la nómina de curas que se hicieron cargo de la Iglesia “San José”. Angel Farías Leal (1918-1920); Alfonso María Buteler (1920-1923); José Pío Angulo (interino, 1923); Francisco J. Ferrero (1923-1931); Pablo Colabianchi (interino, 1931); Calixto Favre (1931-1933); Alejandro T. Allende (1933-1936); Francisco Compañy (1936-1948); Armando Conrado Piazza (1948-1971); Juan Sierra (interino, 1971); Paulino Vaca Vallejo (1972-1975); Gabriel Green (interino, 1975); Rafael Ruiz (1975-1979); Pedro Zurinyach (interino 1979-1980); Avelino Chiavassa (1980-1987); Luis Figuera (1987-1991); Williams Bianco (1991-1995) y Miguel Angel Crippa, de 1995 a la actualidad.
A su vez, el Consejo Administrativo Parroquial está conformado en la actualidad por Cristina Quinteros de Ceballos, Norma Comba de Nocelli y Mónica de Repetti, a quienes se suman Ana Formica, Benita Setien, Estela Maris Albertengo, Susana Miranda, Malvina Cuchetti, Silvia Luján, Ricardo Agüero, Marcela Palacio, Marcela Trabucco y Cristina de Torno.

Iván Wielikosielek

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jueves, 7 de enero de 2016

El Pozanjón: un “ojo de mar” que se volvió reserva ecológica

Crónicas de la Pampa Gringa

 Jueves, 7 de enero de 2016 - El Diario  De Villa María

Hace dos años que Rubén “Lalo” Rivera se encarga del mantenimiento de la mítica laguna de Ballesteros. Habló de las antiguas leyendas que la rodean, de los 43 años que lleva viviendo en sus orillas y del esplendor del predio desde que fuera declarado “parque natural” por la actual Intendencia

Lalo se encarga del mantenimiento y custodia el buen estado de los alrededores de este “mítico” espacio
Vestido de fajina y con una máscara, “Lalo” se parece más a un astronauta que a un empleado municipal. Sólo que su “Apolo Once” es una máquina de cortar el pasto que jamás bordeó el mar de la tranquilidad, pero que, en cambio, se conoce de memoria cada gramilla de una laguna que podría ser de otro mundo. La otra diferencia entre la vida de Lalo y la de un astronauta lunar, es que su casa no dista a 300 mil kilómetros, sino que está cruzando la orilla, esa vivienda azul que habita con su mamá al lado de otra más antigua donde nació. “Siempre viví en El Pozanjón, y en todo este tiempo lo he visto inundando o casi desaparecido por la falta de lluvia, lleno de yuyos o con el pasto bien cortado, hecho un barrial o impecable como un jardín. Pero nunca lo vi seco. Porque según dicen esta laguna no se puede secar jamás”.
-¿Por la leyenda del “ojo de mar”?
-No sé si es por eso, pero siempre me pareció raro que en tiempos de sequía la laguna no hubiera desaparecido. Además, siempre tuvo peces.
-¿Los tiene en la actualidad?
-¡Claro! Mojarras, bagres, palometas, dientudos, monchuelos, anguilas, armaditos. Por suerte desde hace cuatro años y cuando la Intendencia lo empezó a cuidar, ya no dejan pescar ni cazar. Por eso hay tantos bichos.
-Pero en un tiempo casi se extinguieron.
-Eso pasó hace como quince años, cuando en los galpones había una fábrica de chocolate que tiraba todo el suero al agua. Y entonces los bichos se empezaron a morir. Un día vino la Municipalidad y sacó paladas enteras de peces muertos. Pero los que sobrevivieron se empezaron a reproducir y por eso ahora hay de todo.
-Hasta hay un yacaré, según dicen.
-Sí, claro. El yacaré vive en la isla y vino con la última inundación de hace tres años. Muchos preguntan si no es peligroso y yo les digo que no, que el yacaré es como un perro y si lo molestás te va a morder. Pero el bicho no se mete con la gente. A veces estoy cortando el pasto en la orilla y él se pone a nadar al lado mío. Le puse de nombre Rubén, así que se llama como yo (risas).
-¿Y qué tamaño tiene?
-Así -dice “Lalo”, abriendo los brazos en cruz, como si abrazara una mesa-, como de un metro. El otro día vino el “Negro” Heredia y le sacó una foto para un diario. Ahora no se asoma porque está nublado, pero apenas sale el sol se mete al agua a buscar comida.

Como se observa, las dimensiones del Pozanjón son importantes

Antes y después
-¿Cambió mucho El Pozanjón desde que lo mantienen?
-Parece otro lugar. Antes era como una selva y ahora los fines de semana vienen las familias con los chicos, toman mate, comen torta, andan en kayak. Eso hubiera sido impensado cuando yo era chico. Como vivo en la orilla, estoy cuidándolo siempre. Corto el pasto, cuido que no rompan nada, junto la basura. Este es un lugar especial para que la gente aprenda a cuidar la naturaleza.
-¿Y viene gente de afuera?
-El otro día vinieron a ver si todavía estaba el “ojo de mar”. Cuando me preguntaron les dije que hace mucho que no existe. Yo tengo 43 años y aprendí a nadar acá, pero nunca vi nada raro.
-¿Creés que existió alguna vez el famoso “ojo de mar”?
-Mi viejo me decía que sí, y a su vez a él se lo había dicho mi abuelo. Decía que una vez se habían caído unas carretas que nunca salieron a flote, que habían tirado vagonadas de piedras para taparlo y que no pudieron porque el fondo chupó las piedras. Y también que una vez se habían bajado unos buzos y no llegaron nunca a tocar el fondo. Y si esto fuera una laguna, tendría que tener un fondo ¿no?
-Ustedes solían tener vacas y caballos aquí.
-Sí, cuando yo era chico los animales se cruzaban a comer del otro lado y se enterraban como sopapa. Tenías que traer una grúa para sacarlos, porque si no se acalambraban y se morían en el barro. Eso ya no pasa.
-¿Te ves viviendo acá toda la vida?
-Sí, claro. Acá nací y acá voy a seguir estando. Además de ser mi casa, El Pozanjón es uno de los sitios más lindos del mundo.

Iván Wielikosielek
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jueves, 19 de noviembre de 2015

Cuando Sport- 9 de Julio era el clásico de Ballesteros


Fueron los clubes pioneros del pueblo en los albores del Siglo XX; pero a fines de los años 30 se fueron extinguiendo y decidieron fusionarse en Hipólito Yrigoyen, que disputó la Liga Villamariense del 41 al 44. En 1945, de las cenizas de Yrigoyen nacía la Asociación Biblioteca y Gimnasia y, ese mismo año, el Club Atlético y Biblioteca Talleres. El nuevo “derby” ballesterense se empezaba a jugar con otros nombres y otros colores. Pero los viejos futboleros aún se acuerdan de Sport y 9 de Julio, de los míticos enfrentamientos en la canchita del Polvorín en torneos que siempre los tenía como finalistas
Kihel volcó sus conocimientos de la historia del fútbol de Ballesteros para saber un poco más del viejo clásico
Escribe: Iván Wielikosielek
Una borrosa tarde de la memoria (que si me esfuerzo por enfocar seguramente corresponde al año 1981) mi abuelo me habló de Sport y de 9 de Julio. Debe haber sido a causa de mi “fanatismo” por aquel Talleres que ese año perdía la liga en Posse. Y si enfoco más todavía, debe haber sido un domingo en que íbamos en su Siam Di Tella modelo 65 a Cintra, a ver un partido contra Luro. Entonces mi abuelo me habló con el mismo cariño conque los egipcios le dijeron a los griegos “¿se creen que la cultura empezó con ustedes? ¿no saben que hace ocho mil años hubo otra civilización resplandeciente cuyo continente se hundió en un día? ¿o es que nunca oyeron hablar de la Atlántida?”. Por cierto que en ese entonces yo no había leído a Platón y creía que el fútbol había empezado con los goles de Kempes, la fundación de San Lorenzo de Almagro y aquel Talleres del “Gringo” Marusich y el “Tigre” Barrionuevo. (“Tiro y Gimnasia” no existía para mí, y era, según mi opinión de aquellos tiempos, “un club de timberos”). Pero mi abuelo, que era libanés de nacimiento y que acaso sin saberlo repetía aquel diálogo platónico entre un viejo asiático y un novato occidental, me dijo: “Hace muchos años, el clásico del pueblo era otro. Lo jugaban 9 de Julio y Sport. No Talleres contra Gimnasia ¿Nunca sentiste hablar de 9 de Julio y Sport?”. Y tras una breve sonrisa me confesó haber jugado “algunos partidos para Sport.
Una vez incluso hice un gol en el clásico -prosiguió- Yo era wing derecho y esa tarde había un viento bárbaro. Quise tirar el centro pero el viento la metió y con ese gol ganamos uno a cero”. Yo no me podía imaginar a mi abuelo Augusto Cura, que era rengo y corto de vista, jugando al fútbol. Mucho menos desbordando el lateral y tirando un centro. Así que, para cambiar de tema, le pregunté cómo era la camiseta de Sport. “Toda blanca”, me contestó. Y yo le dije “si hoy jugaran contra Talleres se comen cinco”, que dicho sea de paso fue la cantidad de goles que la “T” le hizo a Luro aquella tarde. Fue la única vez que hablé con el viejo del “clásico atlante” de Ballesteros. Y hoy me arrepiento de no haberle preguntado más. No sólo porque hoy casi nadie se acuerda de esos dos equipos, sino porque al heredar las viejas fotos familiares di con una de los años 30 que al principio no entendí. Allí, mi abuelo, un “veinteañero” de saco y corbata posaba junto a un plantel desconocido para mí. El equipo en cuestión gastaba camiseta mangas largas a bastones negros y blancos (o acaso azules y blancos) y era sin dudas anterior al team de Talleres, que usaba la misma ropa. A los pocos días y tras hablar con varios “sabios del pueblo”, entendí que la foto retrataba a 9 de Julio de fines de los años 30; y que el viejo desde alguna dimensión del espacio y del tiempo, me estaba invitando a seguir conversando con él.

Uno de los equipos de fines de los años 30 que presentaba 9 de Julio de Ballesteros en cada partido

Crónica del partido que dividía a las familias
Con sus 91 años, Elías Nasser es un referente ineludible del Club Tiro y Gimnasia, al cual presidió durante años. Y es, sobre todo, uno de los grandes “libros abiertos” de la historia ballesterense. Al igual que mi abuelo (de quien era primo hermano) también nació en el Líbano; y de este modo cuenta su arribo a estas pampas. “Llegué a Ballesteros con 2 años en 1926, y por ese tiempo Sport y 9 de Julio ya existían. La cancha de 9 de Julio estaba al fondo de esta misma calle (la Roque Sáenz Peña) en un terreno del Polvorín; y el equipo tenía camiseta azul y blanca como la de Talleres. De los colores de Sport no me acuerdo, pero sí te puedo decir que la cancha estaba en el actual Estadio Municipal donde hoy juega Talleres. Eran muy bravos los clásicos entre 9 de Julio y Sport”.
Y Julio Kiehl, expresidente de Talleres de Ballesteros y exdirigente de la Asociación Cordobesa de Fútbol, le da la razón a Nasser. “Había familias enteras que se dividían cuando se jugaba el clásico. Dicen que tres veces no pudieron terminar el partido por incidentes y que tuvo que venir la montada de Bell Ville”. Y a la hora de hacer un retrato de época, Kiehl señala: “En esos tiempos no había liga y sólo se jugaban campeonatos entre los pueblos. Venían cuadros de Morrison, Idiazábal, Ballesteros Sur, Cárcano, Alto Alegre y alguno de Villa María. Pero siempre llegaban a la final Sport y 9 de Julio”.
A la hora de citar jugadores históricos, Kiehl menciona como estrellas del Sport “a los Mirgone, el “Gato Flaco” Argüello, don Aureliano Salgado, el “Cleto” Oliva, los hermanos Moré y el arquero Miranda”. Los íconos de 9 de Julio, según el exdirigente, eran “los hermanos Alemano y “El Marica” Quiñónez, que muchos dicen fue el mejor jugador de la historia de Ballesteros”. Y al final, casi con un dejo de tristeza (la de quien sabe de qué se trata el esplendor y el ocaso de un club) Kiehl agrega: “Con el tiempo dejaron de hacer fútbol los dos hasta que un día se fusionaron en el “Combinado Yeyé”. Ahí jugaba algunos de la vieja guardia como “El Marica” pero también los de la nueva camada, como el “Mundo” Rodríguez. Incluso había un cinco que era de Tigre, pariente de doña “Mecha” Alonso, el “Gringo” Alonso; que cada vez que venía de Buenos Aires jugaba para el combinado. Pero el “Yeye” duró poco y ahí nomás nació Yrigoyen. Y todo lo que era de 9 de Julio incluida la cancha pasó al nuevo club, que llegó a jugar en la Liga Villamariense”.
Leyendo el fabuloso libro de Leo Ambrosino “La Centenaria LVF y sus campeones”, corroboró lo dicho por Kiehl: Yrigoyen jugó 4 torneos entre 1941 y 1944. Y si bien sus actuaciones no fueron brillantes, tampoco figuró entre los últimos; lo que era un mérito entre “los gigantes” de la Villa. Al respecto, Elías Nasser tiene una anécdota. “Por esa época yo iba a la Escuela del Trabajo y lo iba a ver a Yrigoyen a la cancha de Unión Central. Yrigoyen tenía una camiseta roja con una banda blanca. Pero también lo seguía a Unión de Ballesteros Sud, que tenía un equipazo. Cuando entraba a la cancha, las tribunas de la Placita temblaban. Imaginate lo que eran todos esos gringos grandotes saltando en los tablones…”
Julio Kiehl también le dedica un paréntesis al fabuloso Unión de Ballesteros Sud que ganó tres ligas villamarienses (´38, ´39 y ´43) y me recita aquel once titular como la fila de guerreros de una “Ilíada” perdida en algún lugar del Lejano Sudeste: “Chacón al arco; el “Mula” Caballero de dos y el “Boni” Díaz de tres. Al medio el “Rubio´e la Mendioca” de cuatro, el “Nene” Muñoz que era Ballesteros, de cinco, y su hermano el “Pantera” Muñoz de seis, también de acá. Adelante de siete el Víctor López de Ballesteros, el Dante Vittone de ocho, el “Yiye” Vittone de nueve, Zurita de diez y el “Pancita” López de once, que era de Morrison. Fijate que tres de los mejores jugadores de Ballesteros estaban ahí…”.
Y al escuchar esta última frase, me explico mejor la decadencia de 9 de Julio y Sport. Y algo parecido sucederá al poco tiempo con Yrigoyen, que en 1945 pasará a llamarse “Club Tiro y Gimnasia” rebautizado años después como “Asociación Biblioteca y Gimnasia”. El 19 de abril de ese mismo año, ya se había fundado el Club Atlético y Biblioteca Talleres. Y ambos jugarían el clásico del pueblo por los siglos de los siglos.

Sport modelo 34
Cuando creía que Yrigoyen había sido el único equipo de Ballesteros en participar de una Liga Villamariense, un inesperado hallazgo viene en mi auxilio. Lo encuentro, como no podía ser de otra manera, en el libro de Ambrosino. En la página dedicada al año ´34 y entre los equipos del primer campeonato que pretendió ser “regional”, aparece el “Sport Atlético de Ballesteros”. La lista se completa con Unión de Morrison, Sarmiento y Leones (de Leones), Argentino, Bell y River (de Bell Ville), Newells Old Boys de Marcos Juárez y los cuatro gigantes de Villa María: Sarmiento, Unión Central, Argentinos y Central Argentino. Lo llamo por teléfono a Ambrosino para que me cuente lo que pasó en el ´34.
“Pasó que el presidente de la Liga era Jorge Hillar, y quiso reestructurar el fútbol. Con la flamante profesionalización en Buenos Aires, hicieron la prueba piloto de una Liga Profesional Regional que se expandiera hasta los pueblos vecinos. Pero sólo duró ese año. Yo no me acuerdo de esos equipos de Ballesteros que me decís vos, pero en la Biblioteca Rivadavia está El Heraldo y El Deber, los diarios de Villa María del ´34. Y ahí podés averiguar algo de tu Sport querido. Pero no te hagás muchas ilusiones. Y menos conque San Lorenzo va a ganar otra vez la Copa Libertadores”. Y el expresidente de la LVF, hincha declarado de Colón de Arroyo Cabral y el “Rojo” de Avellaneda, me despide con un abrazo desde Carlos Paz, donde se repone de un susto cardíaco.
Una vez en la Biblioteca Rivadavia y tras recorrer los tres tomos del ´34 (tesoros encuadernados en cuerina bordó) le doy la razón a Leo: no hay mención alguna del Sport. Pero en una segunda pasada encuentro un recuadrito maravilloso. Es de El Deber, del jueves 24 de mayo. El título dice “Unión Central juega en Ballesteros enfrentando a Sport”. Y acto seguido, el periódico presenta la alineación del aurinegro. Nada se dice del elenco ballesterense ni se volverá a decir nunca; porque la colección del diario se retoma 4 días después, el 28 de mayo, ya como El Heraldo. Al comprobar más adelante que esa competencia era por eliminación, ya puedo imaginar el resultado. Más sabiendo que al torneo lo ganaría Unión Central en un cuadrangular final solo entre villamarienses y de manera invicta. En esos tiempos (apunto) se jugaba el Mundial de Italia, Hitler tenía un ascenso imparable en Alemania, Antonio Sobral era miembro del Congreso representando a Villa María y el Graff Zeppelin pasaba por Buenos Aires. Pero de Sport, nada más que una línea y luego silencio absoluto en los amarillentos papeles del olvido.


Leo Ambrossino también supo detallar la historia en su libro por el Centenario de la Liga Villamariense
Benjamín Cacciavillani y el origen religioso de 9 de Julio
Cuando creí que ya no tendría a quién más consultar, se me ocurre visitar a mi amiga la poeta ballesterense Alicia Gordanino. Mi idea es pedirle prestada la “Historia de Ballesteros” del mítico “Pepe” Cacciavillani. Alicia me trae la reliquia, pero tras recorrer áridas hojas mecanografiadas de esa primera versión de 1980, sólo recojo este párrafo: “Esta década (la del 20) es de construcciones y fundaciones. Se fundan los clubs Sport y 9 de Julio. Nombres de todas las condiciones sociales hacen las glorias del fútbol local: los Moré, “Marica” Quiñónez, “Pantera” Muñoz, Paternoster, Oliva…”
Ante tan escueta información, Alicia me dice “quizás mi tío te sepa decir algo más”. Y sin mediar palabras llama por teléfono a Córdoba. Del otro lado me espera Benjamín Cacciavillani, hermano de “Pepe”. A los 82 años, el “Tío Benja” me trae a la memoria la voz de su hermano que escuché por última vez en los días en que hablaba con mi abuelo en el Siam Di Tella, apenas tres años antes de la prematura muerte de “Pepe” en 1984. Y Benjamín me aporta datos por demás significativos. “9 de Julio tenía la camiseta a rayas como la de Racing, pero era negra y blanca. Había jugadores de todas las clases sociales, como Dante y Félix Moré que eran comerciantes, pero también hombreadores de bolsas como el “Marica” Quiñónez y el “Lencho” González. Fue José Amicarelli quien trajo el fútbol a Ballesteros. Tenía pasión por el deporte; a tal punto que su bisnieta fue Magdalena Aicega, excapitana de Las Leonas. Amicarelli era militar y fue condiscípulo de Perón. Y fue José junto al padre Alfonso María Buteler, párroco entre 1920 y 1923, quienes fundaron el club 9 de Julio. Después Buteler fue llamado para rector del seminario de Córdoba y dejó Ballesteros”.
La charla prosigue y Benjamín me confirma datos ya tomados a Kiehl, Nasser y Ambrosino. Al colgar, siento que no sólo he recuperado la voz de “Pepe” sino también la de mi abuelo. Y vuelve a mí aquella borrosa tarde en que el viejo me decía: “Hace muchos años, el clásico del pueblo era otro. Lo jugaban 9 de Julio y Sport. No Talleres y Gimnasia ¿Nunca sentiste hablar de 9 de Julio y Sport?” Y comprendo que esta nota apenas ha sido un intento de responderle. Pero lo cierto es que no hice otra cosa que multiplicar las dudas. Pero me siento infinitamente feliz, porque mientras me siga preguntando por ese partido del pasado, seguiré charlando con mi abuelo camino a Cintra, en esa borrosa tarde que aún no ha terminado y donde la camiseta del Sport será blanca para siempre.

Cuando Sport- 9 de Julio era el clásico de Ballesteros



Cuando Sport- 9 de Julio era el clásico de Ballesteros
Fueron los clubes pioneros del pueblo en los albores del Siglo XX; pero a fines de los años 30 se fueron extinguiendo y decidieron fusionarse en Hipólito Yrigoyen, que disputó la Liga Villamariense del 41 al 44. En 1945, de las cenizas de Yrigoyen nacía la Asociación Biblioteca y Gimnasia y, ese mismo año, el Club Atlético y Biblioteca Talleres. El nuevo “derby” ballesterense se empezaba a jugar con otros nombres y otros colores. Pero los viejos futboleros aún se acuerdan de Sport y 9 de Julio, de los míticos enfrentamientos en la canchita del Polvorín en torneos que siempre los tenía como finalistas


Kihel volcó sus conocimientos de la historia del fútbol de Ballesteros para saber un poco más del viejo clásico
Escribe: Iván Wielikosielek
Una borrosa tarde de la memoria (que si me esfuerzo por enfocar seguramente corresponde al año 1981) mi abuelo me habló de Sport y de 9 de Julio. Debe haber sido a causa de mi “fanatismo” por aquel Talleres que ese año perdía la liga en Posse. Y si enfoco más todavía, debe haber sido un domingo en que íbamos en su Siam Di Tella modelo 65 a Cintra, a ver un partido contra Luro. Entonces mi abuelo me habló con el mismo cariño conque los egipcios le dijeron a los griegos “¿se creen que la cultura empezó con ustedes? ¿no saben que hace ocho mil años hubo otra civilización resplandeciente cuyo continente se hundió en un día? ¿o es que nunca oyeron hablar de la Atlántida?”. Por cierto que en ese entonces yo no había leído a Platón y creía que el fútbol había empezado con los goles de Kempes, la fundación de San Lorenzo de Almagro y aquel Talleres del “Gringo” Marusich y el “Tigre” Barrionuevo. (“Tiro y Gimnasia” no existía para mí, y era, según mi opinión de aquellos tiempos, “un club de timberos”). Pero mi abuelo, que era libanés de nacimiento y que acaso sin saberlo repetía aquel diálogo platónico entre un viejo asiático y un novato occidental, me dijo: “Hace muchos años, el clásico del pueblo era otro. Lo jugaban 9 de Julio y Sport. No Talleres contra Gimnasia ¿Nunca sentiste hablar de 9 de Julio y Sport?”. Y tras una breve sonrisa me confesó haber jugado “algunos partidos para Sport.
Una vez incluso hice un gol en el clásico -prosiguió- Yo era wing derecho y esa tarde había un viento bárbaro. Quise tirar el centro pero el viento la metió y con ese gol ganamos uno a cero”. Yo no me podía imaginar a mi abuelo Augusto Cura, que era rengo y corto de vista, jugando al fútbol. Mucho menos desbordando el lateral y tirando un centro. Así que, para cambiar de tema, le pregunté cómo era la camiseta de Sport. “Toda blanca”, me contestó. Y yo le dije “si hoy jugaran contra Talleres se comen cinco”, que dicho sea de paso fue la cantidad de goles que la “T” le hizo a Luro aquella tarde. Fue la única vez que hablé con el viejo del “clásico atlante” de Ballesteros. Y hoy me arrepiento de no haberle preguntado más. No sólo porque hoy casi nadie se acuerda de esos dos equipos, sino porque al heredar las viejas fotos familiares di con una de los años 30 que al principio no entendí. Allí, mi abuelo, un “veinteañero” de saco y corbata posaba junto a un plantel desconocido para mí. El equipo en cuestión gastaba camiseta mangas largas a bastones negros y blancos (o acaso azules y blancos) y era sin dudas anterior al team de Talleres, que usaba la misma ropa. A los pocos días y tras hablar con varios “sabios del pueblo”, entendí que la foto retrataba a 9 de Julio de fines de los años 30; y que el viejo desde alguna dimensión del espacio y del tiempo, me estaba invitando a seguir conversando con él.


Uno de los equipos de fines de los años 30 que presentaba 9 de Julio de Ballesteros en cada partido
Uno de los equipos de fines de los años 30 que presentaba 9 de Julio de Ballesteros en cada partido


Crónica del partido que dividía a las familias
Con sus 91 años, Elías Nasser es un referente ineludible del Club Tiro y Gimnasia, al cual presidió durante años. Y es, sobre todo, uno de los grandes “libros abiertos” de la historia ballesterense. Al igual que mi abuelo (de quien era primo hermano) también nació en el Líbano; y de este modo cuenta su arribo a estas pampas. “Llegué a Ballesteros con 2 años en 1926, y por ese tiempo Sport y 9 de Julio ya existían. La cancha de 9 de Julio estaba al fondo de esta misma calle (la Roque Sáenz Peña) en un terreno del Polvorín; y el equipo tenía camiseta azul y blanca como la de Talleres. De los colores de Sport no me acuerdo, pero sí te puedo decir que la cancha estaba en el actual Estadio Municipal donde hoy juega Talleres. Eran muy bravos los clásicos entre 9 de Julio y Sport”.
Y Julio Kiehl, expresidente de Talleres de Ballesteros y exdirigente de la Asociación Cordobesa de Fútbol, le da la razón a Nasser. “Había familias enteras que se dividían cuando se jugaba el clásico. Dicen que tres veces no pudieron terminar el partido por incidentes y que tuvo que venir la montada de Bell Ville”. Y a la hora de hacer un retrato de época, Kiehl señala: “En esos tiempos no había liga y sólo se jugaban campeonatos entre los pueblos. Venían cuadros de Morrison, Idiazábal, Ballesteros Sur, Cárcano, Alto Alegre y alguno de Villa María. Pero siempre llegaban a la final Sport y 9 de Julio”.
A la hora de citar jugadores históricos, Kiehl menciona como estrellas del Sport “a los Mirgone, el “Gato Flaco” Argüello, don Aureliano Salgado, el “Cleto” Oliva, los hermanos Moré y el arquero Miranda”. Los íconos de 9 de Julio, según el exdirigente, eran “los hermanos Alemano y “El Marica” Quiñónez, que muchos dicen fue el mejor jugador de la historia de Ballesteros”. Y al final, casi con un dejo de tristeza (la de quien sabe de qué se trata el esplendor y el ocaso de un club) Kiehl agrega: “Con el tiempo dejaron de hacer fútbol los dos hasta que un día se fusionaron en el “Combinado Yeyé”. Ahí jugaba algunos de la vieja guardia como “El Marica” pero también los de la nueva camada, como el “Mundo” Rodríguez. Incluso había un cinco que era de Tigre, pariente de doña “Mecha” Alonso, el “Gringo” Alonso; que cada vez que venía de Buenos Aires jugaba para el combinado. Pero el “Yeye” duró poco y ahí nomás nació Yrigoyen. Y todo lo que era de 9 de Julio incluida la cancha pasó al nuevo club, que llegó a jugar en la Liga Villamariense”.
Leyendo el fabuloso libro de Leo Ambrosino “La Centenaria LVF y sus campeones”, corroboró lo dicho por Kiehl: Yrigoyen jugó 4 torneos entre 1941 y 1944. Y si bien sus actuaciones no fueron brillantes, tampoco figuró entre los últimos; lo que era un mérito entre “los gigantes” de la Villa. Al respecto, Elías Nasser tiene una anécdota. “Por esa época yo iba a la Escuela del Trabajo y lo iba a ver a Yrigoyen a la cancha de Unión Central. Yrigoyen tenía una camiseta roja con una banda blanca. Pero también lo seguía a Unión de Ballesteros Sud, que tenía un equipazo. Cuando entraba a la cancha, las tribunas de la Placita temblaban. Imaginate lo que eran todos esos gringos grandotes saltando en los tablones…”
Julio Kiehl también le dedica un paréntesis al fabuloso Unión de Ballesteros Sud que ganó tres ligas villamarienses (´38, ´39 y ´43) y me recita aquel once titular como la fila de guerreros de una “Ilíada” perdida en algún lugar del Lejano Sudeste: “Chacón al arco; el “Mula” Caballero de dos y el “Boni” Díaz de tres. Al medio el “Rubio´e la Mendioca” de cuatro, el “Nene” Muñoz que era Ballesteros, de cinco, y su hermano el “Pantera” Muñoz de seis, también de acá. Adelante de siete el Víctor López de Ballesteros, el Dante Vittone de ocho, el “Yiye” Vittone de nueve, Zurita de diez y el “Pancita” López de once, que era de Morrison. Fijate que tres de los mejores jugadores de Ballesteros estaban ahí…”.
Y al escuchar esta última frase, me explico mejor la decadencia de 9 de Julio y Sport. Y algo parecido sucederá al poco tiempo con Yrigoyen, que en 1945 pasará a llamarse “Club Tiro y Gimnasia” rebautizado años después como “Asociación Biblioteca y Gimnasia”. El 19 de abril de ese mismo año, ya se había fundado el Club Atlético y Biblioteca Talleres. Y ambos jugarían el clásico del pueblo por los siglos de los siglos.

Sport modelo 34
Cuando creía que Yrigoyen había sido el único equipo de Ballesteros en participar de una Liga Villamariense, un inesperado hallazgo viene en mi auxilio. Lo encuentro, como no podía ser de otra manera, en el libro de Ambrosino. En la página dedicada al año ´34 y entre los equipos del primer campeonato que pretendió ser “regional”, aparece el “Sport Atlético de Ballesteros”. La lista se completa con Unión de Morrison, Sarmiento y Leones (de Leones), Argentino, Bell y River (de Bell Ville), Newells Old Boys de Marcos Juárez y los cuatro gigantes de Villa María: Sarmiento, Unión Central, Argentinos y Central Argentino. Lo llamo por teléfono a Ambrosino para que me cuente lo que pasó en el ´34.
“Pasó que el presidente de la Liga era Jorge Hillar, y quiso reestructurar el fútbol. Con la flamante profesionalización en Buenos Aires, hicieron la prueba piloto de una Liga Profesional Regional que se expandiera hasta los pueblos vecinos. Pero sólo duró ese año. Yo no me acuerdo de esos equipos de Ballesteros que me decís vos, pero en la Biblioteca Rivadavia está El Heraldo y El Deber, los diarios de Villa María del ´34. Y ahí podés averiguar algo de tu Sport querido. Pero no te hagás muchas ilusiones. Y menos conque San Lorenzo va a ganar otra vez la Copa Libertadores”. Y el expresidente de la LVF, hincha declarado de Colón de Arroyo Cabral y el “Rojo” de Avellaneda, me despide con un abrazo desde Carlos Paz, donde se repone de un susto cardíaco.
Una vez en la Biblioteca Rivadavia y tras recorrer los tres tomos del ´34 (tesoros encuadernados en cuerina bordó) le doy la razón a Leo: no hay mención alguna del Sport. Pero en una segunda pasada encuentro un recuadrito maravilloso. Es de El Deber, del jueves 24 de mayo. El título dice “Unión Central juega en Ballesteros enfrentando a Sport”. Y acto seguido, el periódico presenta la alineación del aurinegro. Nada se dice del elenco ballesterense ni se volverá a decir nunca; porque la colección del diario se retoma 4 días después, el 28 de mayo, ya como El Heraldo. Al comprobar más adelante que esa competencia era por eliminación, ya puedo imaginar el resultado. Más sabiendo que al torneo lo ganaría Unión Central en un cuadrangular final solo entre villamarienses y de manera invicta. En esos tiempos (apunto) se jugaba el Mundial de Italia, Hitler tenía un ascenso imparable en Alemania, Antonio Sobral era miembro del Congreso representando a Villa María y el Graff Zeppelin pasaba por Buenos Aires. Pero de Sport, nada más que una línea y luego silencio absoluto en los amarillentos papeles del olvido.

Leo Ambrossino también supo detallar la historia en su libro por el Centenario de la Liga Villamariense
Leo Ambrossino también supo detallar la historia en su libro por el Centenario de la Liga Villamariense

Benjamín Cacciavillani y el origen religioso de 9 de Julio
Cuando creí que ya no tendría a quién más consultar, se me ocurre visitar a mi amiga la poeta ballesterense Alicia Gordanino. Mi idea es pedirle prestada la “Historia de Ballesteros” del mítico “Pepe” Cacciavillani. Alicia me trae la reliquia, pero tras recorrer áridas hojas mecanografiadas de esa primera versión de 1980, sólo recojo este párrafo: “Esta década (la del 20) es de construcciones y fundaciones. Se fundan los clubs Sport y 9 de Julio. Nombres de todas las condiciones sociales hacen las glorias del fútbol local: los Moré, “Marica” Quiñónez, “Pantera” Muñoz, Paternoster, Oliva…”
Ante tan escueta información, Alicia me dice “quizás mi tío te sepa decir algo más”. Y sin mediar palabras llama por teléfono a Córdoba. Del otro lado me espera Benjamín Cacciavillani, hermano de “Pepe”. A los 82 años, el “Tío Benja” me trae a la memoria la voz de su hermano que escuché por última vez en los días en que hablaba con mi abuelo en el Siam Di Tella, apenas tres años antes de la prematura muerte de “Pepe” en 1984. Y Benjamín me aporta datos por demás significativos. “9 de Julio tenía la camiseta a rayas como la de Racing, pero era negra y blanca. Había jugadores de todas las clases sociales, como Dante y Félix Moré que eran comerciantes, pero también hombreadores de bolsas como el “Marica” Quiñónez y el “Lencho” González. Fue José Amicarelli quien trajo el fútbol a Ballesteros. Tenía pasión por el deporte; a tal punto que su bisnieta fue Magdalena Aicega, excapitana de Las Leonas. Amicarelli era militar y fue condiscípulo de Perón. Y fue José junto al padre Alfonso María Buteler, párroco entre 1920 y 1923, quienes fundaron el club 9 de Julio. Después Buteler fue llamado para rector del seminario de Córdoba y dejó Ballesteros”.
La charla prosigue y Benjamín me confirma datos ya tomados a Kiehl, Nasser y Ambrosino. Al colgar, siento que no sólo he recuperado la voz de “Pepe” sino también la de mi abuelo. Y vuelve a mí aquella borrosa tarde en que el viejo me decía: “Hace muchos años, el clásico del pueblo era otro. Lo jugaban 9 de Julio y Sport. No Talleres y Gimnasia ¿Nunca sentiste hablar de 9 de Julio y Sport?” Y comprendo que esta nota apenas ha sido un intento de responderle. Pero lo cierto es que no hice otra cosa que multiplicar las dudas. Pero me siento infinitamente feliz, porque mientras me siga preguntando por ese partido del pasado, seguiré charlando con mi abuelo camino a Cintra, en esa borrosa tarde que aún no ha terminado y donde la camiseta del Sport será blanca para siempre.